Sobre médicos y curanderos (Parte II)

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<p>Si una mujer piensa que la diarrea de su hijo se debe a un “ojo”, en vano tratará el médico de convencerla de una solución tan simple como darle abundante líquido, porque eso lo puede hacer cualquiera. Si el médico se hiciera pasar por chamán, pronunciara un conjuro y diera el tratamiento adecuado disfrazado de poción mágica (la conocida “toma”), tendría la total credibilidad de esta población.</p><p></p><p></p><p></p><p>En el otro lado de la balanza, no ayudan mucho las prácticas de algunos médicos, insisto en la palabra “algunos”, por deshonestas. Me estoy refiriendo a dos tipos de prácticas que son más comunes de lo deseable. Una es la del abuso intencional de la medicación, en perjuicio de una atención humana minuciosa, que puede reportar al médico un triple beneficio económico. Primero, porque permite atender más pacientes en menos tiempo; segundo, porque en ciertos casos se produce una adicción a dichos medicamentos y, por tanto, a acudir al médico para obtener la correspondiente receta; tercero, por las comisiones que los laboratorios pagan a los galenos por recetar sus productos.</p><p></p><p></p><p></p><p>La otra práctica a la que me refería es la tendencia a pretender ser especialista en todo o casi todo sin la debida preparación ni acreditación. A algunos, un cursillo ya les basta para considerarse especialistas; otros no necesitan ni eso. Si esto cambiase, tengo mis dudas de que la población que confía en los curanderos lo haría en los médicos, pero no me cabe duda de que el resto de la población lo haría bastante más. ¡Cuánto trabajo por hacer para la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica!</p>

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