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Tercera edad: Alimentación sana y atractiva

Durante la vejez se producen modificaciones fisiológicas. Los cambios en la salud oral o en el aparato digestivo pueden requerir cambios en las texturas de los alimentos para minimizar riesgos y favorecer una ingesta suficiente.
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Las principales disfunciones que pueden aparecer durante la vejez son en la salud oral. “Es común que se produzca la disminución del flujo de saliva originando sequedad en la boca, además de la pérdida de piezas dentales, por lo que aumenta el uso de prótesis dentales, disminuyendo la eficiencia en la masticación”. destaca Laura González, responsable de nutrición y salud de Nestlé.

También son frecuentes los cambios en el aparato digestivo, como la disminución de la capacidad de absorción de nutrientes y la disfagia o la dificultad para tragar los alimentos. Por ello es recomendable elegir texturas de alimentos que faciliten la ingesta, como purés, sopas, huevos, lácteos, pescados sin espinas, verduras hervidas, frutas blandas, etcétera, en la que se incluyan todos los nutrientes.

En relación a otro tipo de trastornos frecuentes de salud destaca la osteoporosis, sobre todo en las mujeres, y se asocia a mayor riesgo de fracturas. “La formación ósea requiere de la ingesta diaria de proteínas, calcio, fósforo, magnesio y flúor”, señala.

En este sentido, recomienda la ingesta de lácteos como leche, yogur y algunos quesos, que suponen la mejor fuente de calcio, seguidos de vegetales, frutas y cereales.

La edad también va aparejada a la disminución paulatina de los sentidos del gusto, olfato, vista, audición y tacto que, en mayor o menor medida, merman según el estilo de vida que la persona llevó y en función también de enfermedades presentes y de medicamentos utilizados.

La disminución de los sentidos del gusto y el olfato altera la percepción de los sabores, y en algunos casos esto puede conducir a una disminución del apetito. Es por ello que se aconseja preparar comidas en formas variadas y siempre atractivas, con combinaciones de colores, olores y sabores intensos, utilizando hierbas aromáticas distintas y “en cantidades generosas”.

En general, hay que mantener una alimentación variada y equilibrada, como siempre, para asegurar un óptimo aporte de nutrientes y adaptar la energía suministrada al menor gasto energético que conlleva el envejecimiento y la reducción de la actividad física.

Los cambios fisiológicos comentados por Laura González originan, en numerosas ocasiones, una modificación de la dieta habitual, como el abandono o disminución del consumo de alimentos proteicos, principalmente las carnes por la dificultad en la masticación, y esto contribuye a la pérdida de masa muscular y además aumenta el riesgo de anemia a causa del déficit tanto de hierro como de vitamina B12.

En general, las personas mayores necesitan una dieta de alta densidad de nutrientes y que sea lo más variada y equilibrada posible para garantizar que cubran todas sus necesidades. “Hablamos de alta densidad de nutrientes, ya que las necesidades energéticas disminuyen, pero por contraparte aumentan las de vitaminas y minerales”.

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