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entregó su alma al Creador

El sábado anterior, Cristina Román de Hirst se entregó a la voluntad del Señor y dejó un hondo pesar en la vida de su familia y amigos, a quienes siempre contagió de su amor y felicidad.
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“Cristina finalmente se fue al cielo. Era una guerrera, luchó hasta el final. Ahora se entregó a la voluntad de Nuestro Señor”, escribió su padre, Albino Román, en su cuenta de Facebook el sábado anterior.

Cristina Román Cepeda de Hirst, de 29 años, quien jamás se dejó vencer por la tristeza ni por la adversidad, entregó su alma al Creador rodeada del cariño y las atenciones de sus padres, Albino Román y Maricela Cepeda de Román; de su esposo, Andrés Hirst Alvarado; de su pequeña hija, Elena; de su hermano, Albino José, y demás familiares y amigos.

Esta “bella y ejemplar hija”, como la describió su hermano Albino José, estuvo dotada de muchísimas virtudes y talentos. Cristina, quien con su llegada al mundo llenó de felicidad el hogar de sus padres hace 29 años, fue una persona de principios religiosos y morales que primero pensaba en los demás y luego en ella, según expresó su hermano, quien además comentó que cursó sus primeros estudios en la Escuela Americana, para más tarde continuar estudios de Psicología en Boston College.

Su amor, pasión y entrega por los niños la llevó a especializarse en docencia para niños con problemas de aprendizaje, una misión que realizó con la guía de Dios y la Santísima Virgen durante cinco años.

Dios la premió en su vida al darle a su amada hija Elena, a quien a pesar de que acompañó por pocos meses, supo darle todo su amor y dedicación, y a quien desde donde hoy se encuentra guiará espiritualmente.

Además de ser una excelente hija, hermana, esposa, madre, amiga y profesional, desde muy pequeña tuvo una gran pasión por el deporte ecuestre, lo que le permitió formar parte de diferentes selecciones nacionales de esa disciplina olímpica.

Según Roxana Hill de Salaverría, Cristina se inició en ese deporte a los seis años de edad y siempre fue perseverante. Durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en esta capital en 2002, se hizo acreedora de la medalla de plata en los deportes ecuestres.

Montando a Gerónimo, Pistacho y Dulcinea, logró varias de sus principales satisfacciones deportivas, contando siempre con el apoyo de sus padres.

Sus restos mortales descansan en paz desde ayer en el Cementerio Montelena. Sus restos recibieron cristiana sepultura luego de una misa oficiada en la parroquia de Montelena, en donde desde este día a partir de las 6 de la tarde se oficiará un novenario, que finalizará el próximo martes 9.

“La princesa nos ha demostrado cómo debe enfrentarse la adversidad, cómo debemos amar y cómo saldremos fortalecidos en el proceso. Nos ha mostrado que los momentos más grandes y trascendentales de nuestra existencia son los de mayor dolor y sacrificio. Nos ha enseñado cómo se glorifica a Dios”, este es un extracto de un cuento escrito por Evangelina Sol de Guirola, amiga de Cristina, titulado “Una historia de amor y heroísmo”, en el cual describe la historia de quien con su vida ejemplar ha dejado un legado cuyo valor es inconmensurable.

Tags:

  • Cristina Roman de Hirst
  • adversidad
  • alma al creador
  • ejemplo

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