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¿Qué hacer para prevenir?

No es necesario tener un doctorado en economía o en salud pública para darse cuenta de que es más conveniente tener estrategias de prevención que elaborar costosos planes de medidas correctivas. El lenguaje popular lo plantea con una enorme claridad: más vale prevenir que lamentar.
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¿Qué hacer para prevenir?

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Me estoy refiriendo a la manera correcta en la que se debe plantear el problema de la drogadicción.

La pregunta obligada es ¿cómo hacerlo?, ¿cuál debería ser la estrategia a seguir para evitar que este cáncer social enferme a nuestras familias?

La primera recomendación que hay que tomar en cuenta es evitar el abuso de confianza. Déjeme que me explique. Con esto quiero decir que debemos evitar caer en el razonamiento que el problema de la drogadicción es un problema que puede enfrentar cualquier familia, menos la nuestra, que los que consumen drogas son los hijos de cualquier familia, menos nuestros hijos, que este es un problema que enfrenta cualquier hogar menos el nuestro.

¡¡¡Cuidado!!!, por pensar así podemos bajar la guardia, desatender las indicaciones de que algo podría estar mal y no darnos cuenta de que el peligro está mucho más cerca de lo que suponíamos.

Cuántas veces he visto las lágrimas y la angustia de los padres de familia mientras expresan con mucho dolor: “esto no lo esperaba de mi hijo (o hija), jamás me lo hubiera imaginado...”.

Precisamente hay que imaginarlo, hay que suponer que nuestros hijos pudieran, en algún momento, enfrentar el ofrecimiento de consumo de drogas y que nosotros, papá y mamá, no vamos a estar ahí para asegurar que van a poder decir NO a ese ofrecimiento. Si razonamos de esa manera, entonces pasamos a la segunda recomendación: usted debe estar informado, entérese del tipo de drogas que hay, de las consecuencias que acarrea el consumo de drogas, y sepa bajo qué circunstancias sus hijos podrían iniciar el consumo.

Una vez se ha informado adecuadamente, entonces hay que dar un tercer paso: hable de este problema con sus hijos. El punto es este, si usted no habla de drogas con sus hijos para prevenir el consumo, entonces otros hablarán de drogas con sus hijos para promover el consumo y ahí salimos perdiendo todos. Y para terminar la recomendación más valiosa: predique con el ejemplo. De nada vale que usted hable lindamente de “lo malo que son las drogas y las bebidas alcohólicas” si lo está haciendo después de una buena borrachera, en medio de una torturante goma. No sirve de nada que se ponga moralista con sus hijos diciéndoles que fumar marihuana es malo si usted esconde un pucho de esta droga en la gaveta de sus calcetines y la consume con regularidad. Sus hijos no son tontos, ellos sospechan y muchas veces saben de la adicción de sus padres y no se atreven a encararlos. Se educa más con el ejemplo que con las palabras.

Tags:

  • salud
  • adicciones
  • estrategias
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