10, 9, 8, 7, 6…..

Literalmente hablando, la violencia delincuencial tiene de rodillas a los salvadoreños.
Enlace copiado
10, 9, 8, 7, 6…..

10, 9, 8, 7, 6…..

10, 9, 8, 7, 6…..

10, 9, 8, 7, 6…..

Enlace copiado
En promedio, se comete un homicidio cada hora y un policía es asesinado todas las semanas; miles de trabajadores y empleadores son extorsionados; incontables mujeres son acosadas diariamente en el transporte público; innumerables comunidades, barrios y cantones son controlados por bandas criminales; hay más agentes de seguridad privada que policías; la presencia de la Fuerza Armada en tareas de seguridad pública se está haciendo permanente; casi el 100 % de las armas incautadas por la PNC no están registradas; hay cerca de medio millón de armas de fuego en circulación; se condena menos del 5 % de homicidios.

Estos datos sugieren que el país se encamina hacia la anarquía y que de seguir en esa dirección pronto iniciará la cuenta regresiva para que se produzca la militarización de El Salvador. Es más, la inseguridad y desesperación ciudadana pueden favorecer la implantación de la “bota del siglo XXI” (autoritarismo y violación de derechos humanos) para preservar el orden público y recuperar el control territorial.

La violencia de hoy es distinta a la de ayer y se gesta en un nuevo contexto. Veamos tres diferencias con respecto al conflicto bélico del siglo XX: (1) la presente zozobra no es provocada por la violencia política, es generada primordialmente por la expansión de la “economía criminal” (conjunto de negocios basados en actividades ilícitas y violentas que corrompen los sistemas político, judicial y financiero); (2) la violencia delincuencial no busca el poder público, su principal motivación es hacer dinero; y (3) las operaciones financieras y comerciales ilegales forman parte de redes internacionales del crimen organizado.

En resumen, la lógica mercantil, la base social y la expansión territorial de la violencia delincuencial hacen que sea difícil una solución democrática. Afortunadamente, hay opciones válidas y efectivas para luchar contra la corrupción, impunidad, desigualdad y criminalidad. A continuación se destacan tres medidas que podrían detener la cuenta regresiva y evitar que El Salvador se encamine hacia la militarización.

Medida 1. Fortalecer la institucionalidad democrática. La Corte Suprema de Justicia le ha demostrado a la ciudadanía lo que significa proteger el Estado constitucional de derecho y la independencia de los órganos de Gobierno. Por otra parte, la aplicación de la ley (investigación, persecución y castigo del delito) es fundamental para neutralizar la penetración del crimen organizado en las esferas estatales.

Medida 2. Dinamizar la participación, organización y acción ciudadana. Este es el antídoto más efectivo contra la militarización, cualquiera que sea su inspiración ideológica. Por ello, es inconveniente hacer girar la prevención de la violencia alrededor de la fuerza pública. Lo óptimo sería que los programas de prevención fueran parte de un proceso de localización y estuvieran articulados con políticas de desarrollo social.

Medida 3. Defender la libertad de expresión y de prensa. Esta acción es básica para elevar el nivel de rendición de cuentas y la existencia de controles y contrapesos. Además, el acceso a la información pública es esencial para anular aquellas fuerzas que pretendan ejercer el poder a través del manejo discrecional de leyes y fondos públicos. Consiguientemente, la libertad de expresión es primordial para consolidar el Estado de derecho y frenar cualquier intento de someter a los salvadoreños.

Tags:

  • violencia
  • extorsiones
  • policias
  • homicidios
  • pandillas

Lee también

Comentarios

Newsletter