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1968: historia, balance y significación para el presente

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En este año se está conmemorando en diversas partes del mundo el legado de los años sesenta, especialmente los sucesos que ocurrieron en 1968, en los ámbitos socioeconómico, político, teológico, filosófico y cultural.

Hoy tenemos una perspectiva y profundidad histórica que nos permite asimilar mejor lo que ocurrió en esa década en Occidente, y en América Latina en particular, y la influencia que tuvo su legado en la configuración de la realidad histórica contemporánea.

Fue en los años sesenta, en Occidente, cuando social y culturalmente se comenzó a constatar con premura la presión de la dinámica insostenible del modo de vida histórico de la modernidad y de la civilización del capital. Surgió así un movimiento cultural, multiforme y diverso, contracultural en sus orígenes, que pretendió cambiar desde sus bases ese modo de vida en crisis.

En Europa y Estados Unidos, artistas, ciudadanos, hippies, académicos y científicos coincidieron en cuestionar la vorágine destructiva del ilimitado crecimiento industrial. En esos años, se comenzaron los primeros estudios científicos exhaustivos que darán cuerpo al célebre Informe del Club de Roma, publicado en 1972, alertando sobre el riesgo de continuidad del género humano, cuya causa era una lógica de crecimiento económico que no toma en cuenta los límites ecológicos del planeta.

En este contexto, nacieron movimientos juveniles y culturales, hippies y reformas estudiantiles, iniciando sueños y liberaciones diversas. Fueron los jóvenes los principales protagonistas de hechos claves en esos años. Ellos impulsaron masivamente el mayo del 68, en París, en Praga, en California, en México, en Argentina y en Chile.

En los sesenta ocurrió también el fin del colonialismo político, que posibilitó la fundación de los movimientos anticolonialistas y de los países no alineados. Fue el inicio de la liberación cultural de los negros y de otros grupos étnicos. A partir de ahí, se afirmó la originalidad de todas las culturas y del anticolonialismo, lo que incidió en la toma de conciencia de la diversidad cultural y social de los pueblos.

Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica inició un movimiento crítico y renovador en su propio seno. Repensó la función del clero, de la doctrina y de la ritualidad tradicional e impulsó a los teólogos a repensar los nuevos desafíos culturales. En América Latina, su efecto fue una innovación de las estructuras eclesiásticas y un compromiso abierto y político con el cambio social a favor de las mayorías pobres, lo cual se reflejó en la conferencia de obispos latinoamericanos en Medellín, Colombia, en 1968.

En los sesenta también eclosionó la crítica social en el seno del socialismo realmente existente, dando lugar al proceso que llevaría posteriormente a la caída del socialismo soviético. En 1968, en Checoslovaquia, en la Primavera de Praga, los movimientos sociales salieron a las calles cuestionando el llamado “socialismo real”.

Finalmente, en América Latina surgieron aportes socioculturales que tuvieron una enorme relevancia cultural y política, como la teología de la liberación, la teoría de la dependencia y la nueva literatura latinoamericana. Esta literatura, encabezada por Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, tuvo un impacto mundial. Especialmente es relevante la obra de García Márquez, Cien años de soledad, en la que se narra el éxodo de una comunidad arrinconada ante el poder petrolero extranjero.

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