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20 meses antes de que se realicen las próximas elecciones presidenciales comienzan a surgir los aspirantes a las respectivas candidaturas

Como puede constatarse en todas partes, porque es parte de la naturaleza del fenómeno como tal, el estar en la oposición agrega libertad al dinamismo político propio; de ahí que los aspirantes presidenciales que están surgiendo provengan del principal partido de oposición, que es ARENA.
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Como se viene evidenciando en el curso de los más de 25 años desde que se pasó a esta etapa posterior a la conclusión del conflicto bélico, las campañas electorales han tenido extensiones progresivamente mayores, especialmente en lo que se refiere al nivel presidencial. Esto es, en primer término, una clara señal de que la decisión se vuelve cada vez más ciudadana, en contraste con lo que ocurría en las épocas anteriores a la guerra, cuando en verdad la elección la hacían las cúpulas del poder imperante, dejándole a la ciudadanía un papel de simple formalismo legal. No hay duda de que, pese a todas las adversidades a las que sigue expuesto, nuestro proceso democratizador va en avance, y eso da pie para esperar mejoramientos progresivos.

A estas alturas, las principales fuerzas políticas del país ya han experimentado lo que es estar a cargo del gobierno y lo que es ejercer la oposición; por las muestras que se tienen a la vista, a todos les falta todavía mucho aprendizaje en el terreno de la democracia actuante para poder cumplir a cabalidad con los roles correspondientes en las posiciones de turno. Y es que tanto ser gobierno como ser oposición tienen su propia lógica funcional, y en ningún caso dichas lógicas alientan la confrontación, sino que siempre determinan la interacción, en la que cada quien cumple su papel y todos deben apuntar hacia la realización del bien común.

Sólo el ejercicio puede ir formando voluntades en esa línea, y no es casual entonces que prácticamente todos los reclamos actuales de la realidad nacional se orienten hacia el entendimiento inteligente de los problemas y el logro consensuado de sus soluciones. Ya está visto que ser gobierno y ser oposición representan, cada uno en su ámbito, ejercicios de poder democráticamente concebido, y quien hasta ahora mejor entiende esa verdad activa es la ciudadanía como sujeto supremo dentro del esquema democratizador.

Como puede constatarse en todas partes, porque es parte de la naturaleza del fenómeno como tal, el estar en la oposición agrega libertad al dinamismo político propio; de ahí que los aspirantes presidenciales que están surgiendo provengan del principal partido de oposición, que es ARENA. Y por lo que se ve, otra característica del momento es que los aspirantes anunciados son figuras nuevas en la política, lo cual empalma con la tendencia creciente a ciudadanizar el ejercicio representativo en el sector público. Y al ser así las cosas en este plano, tampoco es de extrañar que el mensaje inicial de los que han salido a la luz esté claramente marcado por el énfasis en plantear de manera prioritaria e inequívoca los intereses más sentidos de la ciudadanía en general y en comprometerse de manera precisa a servir dichos intereses.

Como hemos venido señalando en perspectiva, sin duda estamos ya inmersos en la campaña electoral doble que apunta hacia 2018 y hacia 2019, en enlace inevitable, que, de ser manejado con la habilidad debida, podrá tener resultados muy beneficiosos para el país. Es patente que necesitamos enderezar el rumbo, como opina la ciudadanía cada vez que se le consulta al respecto; y dicha corrección sólo será factible y sustentable si se hace a partir del buen funcionamiento de las dinámicas del proceso, que tienen su núcleo original en las urnas.

Confiemos en que El Salvador saldrá fortalecido de las próximas decisiones del electorado, y en que todas las fuerzas políticas se sumarán al esfuerzo histórico.
 

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