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2018, voto razonado e informado. ¿Por qué y para qué?

El próximo año es, por mucho, transcendental para la democracia salvadoreña. No solo elegiremos 262 concejos municipales y 84 diputaciones a la Asamblea Legislativa.
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La transcendencia de esas elecciones radica en que los diputados –por mandato constitucional– tienen la facultad de elegir a funcionarios de segundo grado; para el caso, Fiscalía General de la República (FGR) y magistraturas a la Sala de lo Constitucional (SC), dado que en julio de 2018 termina el período –nueve años– de los cuatro fantásticos. Por consiguiente, elegir a funcionarios independientes, probos, éticos y capaces será vital para potabilizar la democracia en el país.

En este clima preelectoral hay que sumar la crisis social, económica, política e institucional que enfrenta el país. Esto lleva a pensar que existe una crisis de representación y legitimidad en la actual clase política, la cual está íntimamente relacionada con la ausencia de liderazgos y liderazgos mesiánicos, superhéroes de billetes, falta de capacidad para generar políticas públicas eficaces y eficientes que resuelven los problemas estructurales y actuales, falta de coherencia y congruencia y, sin lugar a dudas, los altos niveles de corrupción e impunidad.

De ello resulta una gran paradoja. Por un lado, los partidos políticos son las instituciones con menor credibilidad –así lo señala la Corporación Latinobarómetro–; no obstante, los electores le siguen votando a los mismos o, en su defecto, se abstienen de votar; y es que nos han hecho creer que las cosas no cambian, que así es la política, así de sucia como ellos la hacen y que no es posible una nueva forma de hacer política; pero lo cierto es que podemos demostrarles todo lo contrario y hacer política diferente, en donde se tengan como principios rectores la justicia, igualdad, libertad, democracia, transparencia, tolerancia, el respeto, la pluralidad, inclusión y el respeto al Estado de derecho.

Lo anterior tiene íntima relación con el bajo nivel de cultura política que tenemos como país; además, pasa por la desinformación que generan los medios de comunicación, la falta de opciones o liderazgos representativos y la falta de una ciudadanía activa, ya que en El Salvador nos sobran candidatos, nos faltan muchos liderazgos; nos sobran votantes, nos hacen falta ciudadanos.

En ese sentido, para cambiar el rumbo y hacer una política diferente, ¿qué necesitamos? Por un lado, una ciudadanía organizada, activa, empoderada, informada, valiente y responsable –no irresponsable–; por otra parte, el surgimiento de nuevos e innovadores liderazgos que humanicen, refresquen, dignifiquen y profesionalicen la política salvadoreña, pero no basta con los nuevos liderazgos, se necesita también por el respaldo, apoyo y acompañamiento ciudadano.

Por ello, si nos involucramos, ganamos todos; si no nos involucramos, ganan otros. No podemos ni debemos permitir dejar en manos de cualquier legislador decisiones tan importantes como la elección de la nueva SC y FGR. Necesitamos liderazgos que actúen con transparencia, creyentes en la separación de poderes, independencia judicial y que controlen el manejo eficiente de los fondos públicos. Dichas elecciones definirán, por mucho, el rumbo de la institucionalidad democrática en El Salvador.

Finalmente, les comparto dos ideas que encajan perfectamente con la ocasión: “Ellos manda hoy porque tú obedeces”, y “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (Albert Camus y Albert Einstein, respectivamente).

¡Los cambios no se esperan, se provocan!
 

Tags:

  • elecciones
  • voto 2018
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