5 de noviembre, nuestra fecha

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Así describe el doctor Víctor Jerez aquel despertar sin precedentes: “El reloj de la Parroquia da las doce. La ciudad duerme, confiada y tranquila. El joven sacerdote espera algo. Abre rápidamente una de las ventanas que dan a la calle; pero todo continúa en silencio y quietud. Visiblemente contrariado, cierra la ventana y con presteza sale a la calle. Toma en dirección al Oriente, cruza al Sur y llega al atrio de la Iglesia de la Merced: asciende nerviosamente al campanario y al llegar al rellano, ase las cuerdas de las campanas, las agita con energía y sus alegres sones se difunden en el espacio. Era el 5 de Noviembre de 1811”. Fue la aurora del movimiento independentista centroamericano, aquí en San Salvador, y que culminaría el 15 de septiembre de 1821 en Guatemala. No es casual, desde luego, que el repique sansalvadoreño fuera la señal de partida de la gesta libertaria, porque era nuestro espíritu nacional el que se estaba poniendo en evidencia con sonidos inmortales. Más de dos siglos después, los salvadoreños casi hemos olvidado aquel radiante augurio, y esa es una pérdida que no tiene excusa posible. Volvamos al amanecer, como aquel día; y hagámoslo creyendo en lo que somos capaces de sentir y de expresar. La fecha que verdaderamente nos representa es el 5 de noviembre. Cuando todo parecía a oscuras se hizo la luz de un latido venturoso. Desde la Torre de la Merced, el repique se alzó hacia los cuatros puntos cardinales. El Padre Delgado no ha bajado de la Torre: ahí nos aguarda a diario desde entonces, con el poder de su gesto liberador. El 5 de noviembre no es propiedad del calendario, sino herencia del destino. Rindámosle tributo ascendiendo por la Torre de la historia, que es la misma del futuro.

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