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5 semanas en globo por El Salvador

Me da la impresión de que la ley realmente tiene los ojos vendados, y/o no alcanza la institucionalidad que deseamos. O talvez tiene “compadres”, que socialmente arreglan sus vicios los sábados al mediodía comiéndose un asado.
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Después de 1860, Julio Verne, sin haberse subido en un globo, escribió la novela “Cinco semanas en globo”. En ella relata que su personaje el Dr. Fergusson quiere encontrar la fuente del río Nilo, atravesándose África en un globo. De esto, hace ya 156 años.

En dicha novela también relata que Inglaterra tenía un “boom” por ser colonizador. Y para ello daba patrocinio con jugosas cantidades de libras esterlinas. Pero con el tiempo la corona descubrió también que había charlatanes que solo querían el patrocinio, tomaban el dinero y no iban a ninguna parte. Entonces decidió estipular un presupuesto de 2,000 Libras. Aquel aventurero interesado debía arreglárselas con esta cantidad. De ahí surgió la fama de que los ingleses llegaban a colonizar tomando lo bueno y se lo llevaban, dado que no tenían ni para comer. Al llegar de regreso la corona les retribuía lo conquistado de las piezas que llevaban.

Pero algo interesante era las artimañas que hacían. La de más notoriedad fue la de que compraban pequeñas imprentas, y copiaban el periódico más famoso de Londres (140,000 ejemplares en esa época) y ponían la leyenda que a ellos le convenía y así engañaban al pueblo. Cualquier parecido con algún aventurero colonizador y su equipo de troles en la actualidad es pura coincidencia.

Si usted se fija, bastante de lo que escribía Julio Verne, a quien le gustaba la ciencia ficción, nos sonará familiar y conocido cuando vemos las sinvergüenzadas de hoy en día. La historia se repite. La verdad es que en El Salvador tenemos muchos bribones corregidos y aumentados, que quizás llegan a superar de manera maliciosa la imaginación que nos dejó Julio Verne.

Es alta la frecuencia con que estos bribones salen en los distintos medios de comunicación, y lamentablemente los vemos con tal naturalidad que ni nos inmutamos. Leemos sobre ellos. Nos informamos de las distintas corrupciones que se descubren, pero seguimos siendo solo observadores autómatas. Somos víctimas de un azote de frialdad, como transformados por una especie de cambio climático que afecta la dignidad y la actitud personal. Una actitud que medio se rebela cuando tocan directamente sus intereses. Nos hacemos fríos e indiferentes y preferimos el “calabaza calabaza, cada quien para su casa”.

Hoy rodamos con nuestros autos por el bulevar Monseñor Romero, y ya no importa cómo estuvieron las finanzas de dicha obra. Hicieron el juego de la silla (se recuerdan de este juego en las piñatas), fueron sacando (sillas) culpables y al último que sentaron le dieron el premio: la acusación. Igualmente está pasando con El Chaparral. Con los maletines negros de la Asamblea que inducen al transfuguismo que luego se convierten en votos que allanan caminos a la corrupción. La deuda de las alcaldías a Venezuela con Alba. El nuevo Hospital de Maternidad. Los terrenos del trabajo de toda la vida del expresidente de la Asamblea Legislativa. La cantidad de asesores en la Asamblea, y así, etcétera.

Luego de reflexionar sobre el párrafo anterior, pudiéramos contar más de una docena de conquistadores haciéndose pasar por colonizadores de nuestra patria. Conquistadores que buscan hábilmente persuadir a los medios de mayor circulación para crear cortinas y esconder mágicamente lo desaparecido.

Me da la impresión de que la ley realmente tiene los ojos vendados, y/o no alcanza la institucionalidad que deseamos. O talvez tiene “compadres”, que socialmente arreglan sus vicios los sábados al mediodía comiéndose un asado.

¿Y cómo ponerle un paro a tanto bribón y a tanta deshonestidad. Con lo racional: que la ley y las instituciones para tal fin funcionen. ¿Pero cómo? Si aquí “los lobos cuidan las ovejas”. Las instituciones están dirigidas por compadres políticos.

Quizás la esperanza estriba como en la novela de Verne en donde la corona inglesa en aquella época incluyó a funcionarios de la ley que no hacían bien su trabajo, juzgándolos ejemplarmente; y solo así tendríamos algún indicio de querer hacer las cosas bien. De que las instituciones funcionen. De que se generalice la esperanza que dan personas honestas que rompen la tradición como en la CSJ o la actual Fiscalía.

De hecho en la novela, el doctor Fergusson tuvo que ingeniárselas para conseguir las telas necesarias para hacer el globo, tuvo que importarlas de Lyon. Y tuvo que ingeniárselas buscando patrocinadores para vender la cartografía del río Nilo.

Cuándo elevaremos nuestro globo para como el Dr. Fergusson encontrar la fuente donde comienza y termina la corrupción de los bribones que patrocinados por la corona derrochan los dineros del pueblo. Cuándo podremos tener funcionarios honestos que diseñen una nueva cartografía de un país sin corrupción. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Hasta cuándo, El Salvador...

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  • corrupcion
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