6,500 muertos... y el gobierno se aplaude

A mediados de 2012, mi padre, en ese entonces diplomático de la embajada de El Salvador en Washington, decidió renunciar a su cargo porque no estaba de acuerdo con el nombramiento de oficiales corruptos en los altos mandos de la Policía Nacional Civil.
Enlace copiado
6,500 muertos... y el gobierno se aplaude

6,500 muertos... y el gobierno se aplaude

6,500 muertos... y el gobierno se aplaude

6,500 muertos... y el gobierno se aplaude

Enlace copiado
 Por esas mismas fechas, llamaron para decirle que los aparatos de inteligencia de El Salvador habían detectado una amenaza de muerte en su contra. Le dijeron que tuviera cuidado y que tomara precauciones, porque podían matarnos a todos. Gracias a esa amenaza pasamos años sin poder regresar a nuestro país y experimentamos una mínima fracción del miedo y frustración que viven a diario aquellos que realmente están dedicados a proteger este país. Policías, soldados, fiscales; los que todos los días están en las calles velando por la vida de los salvadoreños. Una mínima fracción, eso experimentamos.

Hace un par de semanas regresé a El Salvador por segunda vez en cuatro años. Los peligros de la amenaza, por lo menos para mí, parecen haberse disipado, y ahora, con sus más de 6,500 muertos en un año, El Salvador parece casi igual de seguro que antes. El 31 de diciembre, cuando me dirigía junto a mi madre y su esposo a celebrar lo poco que este año me dejó para celebrar, cometimos un error grave. Por equivocación entramos en un tramo de calle que la policía había bloqueado con conos, pensando que era un retén de tráfico. Me di cuenta de nuestro error cuando tres policías, dos de ellos uniformados y con armas largas, apuntaban al carro. El tercero, de particular, mantenía su distancia y nos veía de reojo.

Después del susto logré establecer una conversación agradable con el oficial a cargo. Me explicó que habían cerrado porque estaban monitoreando el área de cerca, buscando movimientos sospechosos. Le pregunté que a qué se refería, me vio, se sonrió y me dijo: “Pues sí, que tenemos amenaza”.

A él y a todos sus compañeros y compañeras de ese puesto, el último día del año, les habían dicho que los iban a matar. Lo normal. Después de eso contó que él vivía en una zona dominada por pandillas, y que por lo tanto, había aprendido a vivir en lo oscuro. Se despierta a las 3 de la mañana y se va antes de que salga el sol. No quiere que los pandilleros sepan que es policía, lo pueden asesinar. No quiere ser uno más. Sus mejores amigos son sus dos perros, a quienes él ha entrenado para matar también, “por si un día llegan a buscarme, me acompañan ellos, y esta”, dijo mientras aseguraba la 9 milímetros en su cincho.

El 1.º de enero escuché por última vez el spot de fin de año del FMLN. En el spot, que seguro han visto más de la cuenta: el presidente, el vicepresidente y dos ministros le cuentan al pueblo, orgullosos, sobre los avances del gobierno y el país. Al final del spot se escuchan unos segundos de aplausos. Pero... y a ustedes, Gobierno de El Salvador, ¿quién les aplaude? Y ¿qué les aplauden? El año pasado, en este país que ustedes gobiernan, asesinaron a más de 6,500 personas. ¿Qué hay que aplaudir?

Esos aplausos son un ejemplo perfecto del cinismo que ha caracterizado a este gobierno, cuyo ministro de Seguridad le dice a sus ciudadanos que se sientan tranquilos, que los esfuerzos están dando frutos, mientras el primer día del año, otra vez, mueren asesinadas 39 personas más.

Reaccionen, escuchen a alguien más que a ustedes mismos. Su gente se está muriendo.

Tags:

  • seguridad
  • gobierno
  • policía
  • homicidios
  • pandillas

Lee también

Comentarios

Newsletter