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A 26 años

Acabamos de conmemorar 26 años del acuerdo que puso fin al conflicto armado. Es poco tiempo para tener una sociedad con una democracia consolidada, con una economía competitiva, con ciudadanos educados, políticamente cultos y socialmente solidarios y justos. Lograr todo eso demanda visión, compromiso, decisión y sobre todo, perseverancia. Hay que hacerlo, hay iniciativas, pero no hay que esperar milagros. Esto hay que trabajarlo y es trabajo de todos.

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Acabamos de conmemorar 26 años del acuerdo que puso fin al conflicto armado. Se tiene experiencia sobre nuestra capacidad de dialogar, de evidenciar diferencias, de suscribir acuerdos, de poner condiciones, de identificar candados, de establecer tiempos, de analizar el entorno, de mantener el compromiso y de avanzar hacia objetivos comunes. Esto y más significan los acuerdos sucesivos que se dieron en el proceso que concluyó en Chapultepec hace 26 años.

Acabamos de conmemorar 26 años del acuerdo que puso fin al conflicto armado. Fueron pocos los que participaron en el proceso poniendo su voluntad y su capacidad a prueba para puntear los acuerdos y sentar bases políticas y sociales comprometidas con la democracia y el respeto a los derechos humanos. El contenido fue amplio, profundo y complejo.

Acabamos de conmemorar 26 años del acuerdo que puso fin al conflicto armado. Todos los que residimos dentro y fuera del territorio de El Salvador nos beneficiamos. Unos porque pudieron volver al país, restablecer sus relaciones y empezar de nuevo. Otros porque pudieron aprovechar sus activos y multiplicarlos con creatividad, libertad y responsabilidad.

El país ha avanzado, ya no somos los mismos. El entorno inmediato cambió, los compromisos se cumplieron con voluntad nacional y apoyo internacional, nuestro sistema político se democratizó con nuevos actores, los invitados internacionales invitados a supervisar el cumplimiento del acuerdo dieron fe del cumplimiento y se fueron. La tarea y la responsabilidad quedó en nosotros y en nadie más.

En 26 años el país ha avanzado, todos hemos aprendido a manejarnos en el marco de la Constitución de la República que fue reformada para llegar a suscribir el acuerdo final. Nuestro sistema político se abrió al pluralismo y los miembros de los partidos políticos se obligaron a dialogar, negociar y ponerse de acuerdo para asumir la representación del pueblo y defender el bien común.

Pero no hay que pedirle todo a los partidos políticos. Los ciudadanos debemos avanzar asumiendo responsabilidades más que demandando derechos. Hay libertad de organización y de expresión, hay libertad económica en el marco de la competencia y la defensa del consumidor, hay responsabilidad de delegar en otros ciudadanos la representación de nuestros intereses. Pero, también hay obligación de velar por la justicia y el bien común porque esto es la base de la paz. Esto necesita educación y cultura políticas.

A 26 años de la firma de la paz hay acuerdos que deben actualizarse. Por ejemplo, se acordó que “el Órgano Judicial dispondrá anualmente de una asignación no inferior al 6 % de los ingresos corrientes del Estado”. Es oportuno revisarlo. Los diputados saben que la investigación del delito, la defensa de los intereses del Estado y la defensa de los intereses de la sociedad no funciona si la Fiscalía General de la República carece de los recursos financieros. Pero... uno de los sindicatos está protestando. ¿Qué interés debe prevalecer?

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