A la vista

“La permanente confrontación partidaria y el resentimiento social existente hacen prever un complicado ambiente entre marzo de 2018 y febrero de 2019.”
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Este domingo 4 de marzo, los salvadoreños elegirán a 84 diputados y 262 concejos municipales, y de inmediato iniciará la contienda presidencial 2019. Un punto es innegable: entre más ciudadanos vayan a votar, más presión social habrá sobre los gobernantes para que hagan bien su trabajo y respondan a las necesidades de la población. Esto sugiere que de haber fallas significativas en la organización de las elecciones 2018, se le daría un porrazo a la naciente democracia salvadoreña.

De confirmarse el abstencionismo electoral que se ha pronosticado, se corroboraría la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones públicas y la pertinencia de que las cúpulas partidarias favorezcan el diálogo colaborativo. De despuntar la sensatez, se reduciría el riesgo de que se intensifique la lucha partidaria por controlar el aparato estatal y se contamine la elección de magistrados de la Sala de lo Constitucional y del fiscal general de la República en 2018.

Gobernar de espalda al pueblo hace que las autoridades continúen a tientas tratando de disputarle el control territorial a bandas delincuenciales y de responderle a los compatriotas afectados por las medidas antiinmigrantes. En este sentido, las elecciones del 4 de marzo son una oportunidad para que la ciudadanía vote por diputados y alcaldes que sean capaces de dialogar y generar confianza en las instituciones públicas. En síntesis, El Salvador tiene a la vista tres escenarios.

Escenario 1. La polarización ideológica-partidaria y la inefectividad del Tribunal Supremo Electoral (TSE) ponen en duda los resultados de las elecciones de 2018. Se complica la elección de la Sala de lo Constitucional y la gobernabilidad democrática se aleja de El Salvador. Se deteriora el clima de inversiones y el país cae en una incertidumbre sin precedentes en los próximos doce meses.

Escenario 2. La madurez política-partidaria y la efectividad del TSE generan confianza en los resultados electorales 2018. El nombramiento de la Sala de lo Constitucional se realiza con base en los criterios de independencia e idoneidad y se fortalece la institucionalidad democrática. Hay un acuerdo básico entre los partidos políticos y comienzan a superar la crisis de credibilidad por la cual atraviesan.

Escenario 3. Discordia entre los políticos que pretenden acaparar el poder y los ciudadanos que resguardan la democracia. No es un pleito entre derechas e izquierdas, es un choque entre quienes desean el poder absoluto y los que exigen la separación de poderes. Lo delicado de la obtusa lucha por el poder es que no permite abordar –responsablemente– los problemas que más afectan a los salvadoreños.

Reflexión: las ofertas electorales 2018 dejaron mucho que desear (medidas represivas sin abordar las causas determinantes de la violencia delincuencial, realidades virtuales y acciones gubernamentales que no les competen a diputados ni a alcaldes). La permanente confrontación partidaria y el resentimiento social existente hacen prever un complicado ambiente entre marzo de 2018 y febrero de 2019. A tal grado pudiera subir la tensión política que –junto a la espiral de la violencia delincuencial y los efectos de las medidas antiinmigrantes– El Salvador pudiera caer en un desconcierto socio-institucional. Este panorama indica lo frágil que es la democracia en el país.

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