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A las puertas de una nueva Administración gubernamental, todos debemos prepararnos para responder a los desafíos que vienen

No es admisible ningún tipo de improvisación por parte de nadie, ni es sostenible ningún enclaustramiento revanchista de la índole que fuere.

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David Escobar Galindo

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Como recordamos y señalamos cada vez que se hace oportuno, lo cual ocurre con gran frecuencia, nuestra sociedad nacional, como todas las sociedades que existen, es una especie de caravana inagotable en la que las causas y los efectos van poniendo su sello identificativo, dándole vida a eso que llamamos proceso histórico. Cada momento es una coyuntura con identidad propia, y aunque hay siempre un encadenamiento de situaciones, si no se identifican con la debida precisión las características del respectivo momento lo que se va propiciando es un despiste progresivo que puede llegar a ser imposibilitante y aun paralizante. La coyuntura actual no sólo no escapa a tal estado de cosas sino que es más reveladora que otras anteriores en lo que toca al imperativo de poner todas las antenas en posición de seguimiento para reconocer a plenitud y a fondo los signos de la realidad.

La dinámica evolutiva es mucho más que el relevo gubernamental en el curso del tiempo, porque los fenómenos reales que van manifestándose sucesivamente tienen la más variada naturaleza, desde lo cultural hasta lo político, desde lo anímico hasta lo social, desde lo nacional hasta lo comunitario, y así podríamos seguir enumerando; pero sin duda en etapas de gran efervescencia estructural se hace mucho más visible el efecto que tiene el ejercicio del poder, y sobre todo cuando, como es nuestro caso, vivimos desde siempre un presidencialismo de alto relieve que prácticamente incide sobre todo lo demás con enorme influjo determinante. Pero el presidencialismo tampoco puede mantenerse inmóvil, como pareció durante tanto tiempo, y eso se manifiesta hoy de muchas formas y en diversos sentidos.

A lo largo de la posguerra, los dos partidos dominantes que surgieron justamente del movimiento de fuerzas que se activaron durante el conflicto bélico interno se turnaron en la conducción política del país. ARENA gobernó de 1989 hasta 2009, y el FMLN lo ha hecho desde 2009 hasta la fecha, ya en vísperas de dejar la tarea gubernamental el 1 de junio de 2019. En el curso de esos 30 años parecía que el esquema ya estaba irreversiblemente definido; pero un factor nuevo comenzó a manifestarse: el desencanto ciudadano por el comportamiento de los políticos en acción, lo cual ha llevado a que el 3 de febrero de este año haya logrado una victoria arrasadora un actor nuevo, que no es un partido sino una persona.

El efecto de la personificación con nombre y apellido de alguna manera ha existido siempre en la dinámica política, porque en definitiva dicha dinámica encarna en figuras que representan líneas de pensamiento, de acción y de proyección. Lo novedoso en el presente es que eso se ha trasladado directamente a la competencia electoral, a la luz de una percepción ciudadana que ha servido de motor desafiante. Viene entonces un período en que la Administración que entrará en funciones va a tener que medirse en los hechos de Gobierno con las fuerzas establecidas, y que de entrada tienen el pleno control de la Asamblea Legislativa, al menos hasta el 30 de abril de 2021.

Todas las condiciones y circunstancias actuales hacen indispensable un manejo estrictamente creativo y comprobablemente sensato de todo lo que viene de aquí en adelante. No es admisible ningún tipo de improvisación por parte de nadie, ni es sostenible ningún enclaustramiento revanchista de la índole que fuere. La ciudadanía debe moverse también en forma razonable: de la frustración hacia el empeño válido y validado por los hechos de que las cosas vayan orientándose con la debida constructividad, en beneficio del país y de su gente.

Es claro que los salvadoreños, de todas las condiciones, procedencias y filiaciones, nos hallamos inmersos en una prueba de resistencia democrática que se nos presenta como un test de supervivencia de nuestro sistema de vida, que desde luego requiere correcciones y redefiniciones en muchos sentidos. Y por la experiencia acumulada, hay mucho de dónde sacar para que la prueba resulte exitosa en clave nacional.

Tanto los gobernantes como los gobernados tienen que integrar voluntades constructivas y reconstructivas sin ninguna excusa para no hacerlo. Es el proceso mismo el que nos pone este examen que es a la vez de resistencia y de eficiencia.

Y desde el primer día, es decir, desde el mismo 1 de junio, se podrá empezar a calibrar cómo se comporta cada quién. La sanidad del proceso dependerá, en gran medida, de que todo el accionar se oriente de modo inequívoco hacia el bien común.

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