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A los maestros, con cariño

El título de esta columna dedicada a los maestros en su día me recuerda el nombre del clásico del cine de conciencia social “Al maestro con cariño”.
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A los maestros, con cariño

A los maestros, con cariño

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En la que el actor negro Sidney Poitier al principio se resiste a comprometerse con sus problemáticos alumnos, pero lentamente se convertirá en un verdadero guía y maestro para unos adolescentes perdidos en una sociedad que no cotiza ni acepta a los educadores de la época.

Es bueno comentar que la escuela tradicional dio respuestas a las necesidades y los requerimientos de las sociedades agrarias e industrializadas del pasado, enseñando a leer y escribir, impartiendo normas básicas de ortografía, de urbanidad y cívica. La misión solía ser reforzada con el castigo, el grito y la vara. Sin embargo, la sociedad ha cambiado de manera profunda y radical y ya la escuela tradicional no responde a estas nuevas necesidades, pues se ha tornado obsoleta frente a los dramáticos cambios sociales, económicos y políticos vividos desde hace décadas.

Siendo los docentes un pilar fundamental dentro de este hecho educativo, los profesores deben actuar más como amigos, consejeros y personas a los que es fácil recurrir. Una parte importante de su labor se dirigirá a demostrar a los alumnos su profunda preocupación por ellos. Estos profesores escucharán atentamente a sus alumnos, les proporcionarán estímulos, valorarán sus capacidades y logros, les proporcionarán desafíos y les ayudarán a enfrentarse con ellos mismos. Debemos llegar a ser capaces de crear un clima en la clase, apto para satisfacer las necesidades de aceptación, amor y respeto a sus alumnos y crear las condiciones necesarias para que se produzca el aprendizaje y el desarrollo de su personalidad.

Profesores y alumnos deben tratarse entre sí con el respeto que exige la dignidad personal, ya que esta es la primera condición para que surja un clima de confianza. En este ambiente ningún alumno se sentirá amenazado y por ello todos podrán expresarse en libertad, sin temor a ser juzgado o rechazado. El clima de confianza creado por los profesores hará posible la participación y el diálogo auténtico, siendo esencial que el profesor tenga especial cuidado en el mantenimiento de este clima y siempre que sea oportuno o necesario debe indicar a los alumnos la importancia de desarrollar actitudes de respeto y comprensión, de escuchar a quien esté hablando, de no juzgar ni burlarse de las intervenciones de los compañeros. El profesor estimulará la participación de todos en los diálogos y en las actividades que se realizan.

En cuanto al clima a desarrollar por cada docente en su aula, es esencial crear un ambiente de confianza, lograr un clima de afectividad y aceptación. Han de aceptarse y fomentarse las diferencias de opinión de alumnos y profesores; estos deben ayudarse recíprocamente y ser receptivos a las necesidades de cada uno. Podríamos decir que el ambiente del aula creado por cada profesor debe estar definido dentro de estos términos: alegría, respeto, participación, confianza, diálogo, libertad, tolerancia, autonomía.

En resumen, el profesor respetado por la sociedad debe ser una persona dispuesta a hacer de facilitador entre los contenidos, los valores, las creencias, los avances de la sociedad y el alumno para que este pueda asumirlos y aprender de forma creativa. Su formación debe ser permanentemente puesta en práctica y su capacitación le debe llevar a tratar al alumno como persona.

En esta fecha tan especial los invito a que se actualicen cada vez que tengan la oportunidad y hagan realidad el pensamiento de Cicerón (orador y filósofo romano), quien una vez dijo: “Una cosa es saber y otra cosa es saber enseñar”.

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