A media asta

Entré a una capilla que está ubicada en un prestigioso centro comercial, me arrodillé y pensé muchas cosas.
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 El persignarme y hacer una oración por los que sufren me satisfizo. Pienso en el pueblo, en la gente que sufre, en todos los que sufrimos. A los que caen abatidos por la delincuencia a diario en este país, por una delincuencia fratricida. ¡Da indignación y coraje al ver a tanta gente inocente que sufre!

La bandera salvadoreña tendría que estar a media asta siempre, hasta que un día el presidente de la República manifestara en un comunicado que ya tenemos paz. Por el momento, muchos se quedan hasta sin lágrimas al llorar a sus muertos y tanta lágrima no revive a sus seres amados. Las estadísticas manifiestan que este año será peor.

A media asta, hermano salvadoreño, esa imagen no es señal buena. Dios, te pido por mi país que sufre; te pido por los que buscan empleo y encuentran la muerte; te pido por las madres que quedan viudas y tienen que ejercer de padre y madre para alimentar a la familia; te pido borres de la mente de miles de niños las imágenes que le quedaron impregnadas al ver a sus padres asesinados. Nada más cerraron sus ojitos cuando los malos descargaron sus armas... mientras tanto, la madre recoge las monedas que quedaron a un lado de su hijo asesinado.

—¿Por qué esa bandera está a la mitad, mamá? –preguntó el hijo a su madre, quien acababa de enterrar a su papá. —Hijo, es porque su padre nunca volverá...

En otro lugar del país, un niño de dos años pregunta –Mamá ¿ya son las 11 de la noche y mi papá no ha venido? Esa tarde, en el cementerio, la madre con un nudo en la garganta y la mente en blanco recibió la bandera de El Salvador. La bandera doblada se la entregó en sus manos el jefe policial. Mientras tanto, en la Asamblea Legislativa a cada momento se ponen de pie los diputados en señal de luto por un alma más que cae abatida por la delincuencia. Se pide un Minuto de Silencio...

Lloro, porque quiero un país que reaccione, la Biblia dice que debemos de amarnos; sin embargo, a pesar de que somos más los que somos buenos, el mal está triunfando.

¡A media asta estará la bandera salvadoreña, súbanla, por favor! Aunque, al ver en los medios de comunicación cada palada de tierra que cae en las cajas, los llantos y lamentos se escuchan: “Dios se encargará de ellos...”, “Malditos, pagarán...”, “Aunque me maten, pero vengaré la muerte de mi hermano, son unos desgraciados...”, etcétera.

A media asta, hermano, aunque no nos guste, ese es el símbolo que se respira en un país que lleva el nombre “El Salvador”. Todo el mundo ejerce odio y resignación en las redes sociales, maldicen a las maras; desean que haya pena de muerte y, cuando asesinan a un pandillero o delincuente, muchos se alegran. ¿Queremos más odio y más sangre?

Cuando a alguien le hacen la interrogante ¿qué solución propone?, hay tantas respuestas que se ponen en la mesa, a saber: leyes más duras, inculcar valores, y la última, pero más dura, la pena de muerte.

Al final del día, la bandera salvadoreña estará a media asta, no importa en qué lugar se coloque. En algún hogar u oficina pública iniciarán de nuevo el acto protocolario. Muchos emigrarán a otro lugar u otro país para respirar paz. El que es bueno siempre tendrá a Dios como su protector, no llevará a la tumba el rencor que le embarga. Por el momento la bandera estará a media asta... ¿Hasta cuándo? No lo sabemos.

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