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¡A mi querida hija...!

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No soy escritor ni poeta, pero he escrito para ti esta breve misiva, intento de carta y prosa poema...

Tú me pides que escriba una poesía que cuente de tu infancia y de tus sueños, del dulce recordar de aquellos años en que la inquieta niña en ti vivía.

Parece que fue ayer que te contaba cuentos cobijada en mis brazos tocando tiernamente tu cabellito negro meciéndonos lentamente en la cómoda hamaca de lona colgada en el corredor de la pequeña granja que Dios nos regalara hace ya mucho tiempo y que tuvimos que abandonar por la sangrienta guerra fratricida de los 12 tenebrosos años. Pero vivimos allí durante 13 años felices; eso compensa con creces la tristeza de haber tenido que huir... Recuerdo cómo yo te platicaba y a veces, suavemente te decía, cuando estábamos en nuestra querida hamaca: “Margarita, te voy a contar un cuento: Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosco de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita Margarita, tan bonita como tú...”. “Una tarde la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla, una pluma y una flor. Las princesas primorosas se parecen mucho a ti. Cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así...”. Y al ratito te dormías muy sonriente, Sonia Margarita, y sin despertarte, quedamente, te llevaba a tu camita.

Algunos años después fueron un transcurrir de afanes y de esperas mientras tu alma adolescente vacilaba y tu madre junto a ti, atenta y amorosa caminaba. Tú le pediste a Dios humildemente que enrumbara tus pasos y te abriera un camino y nuestro Dios todopoderoso con infinito amor te preparó un destino... Transcurrieron los años y después de algún tiempo caminando por la ruta trazada, con tu amoroso esposo y tus dos lindos retoños avanzan firmemente cumpliendo la jornada...

Cómo han volado los vientos de aquellos meses de octubre, de esos octubres en que juntos los cuatro, con tu madre y tu hermano volábamos piscuchas y correteábamos en aquel lindo potrerito verde, bañados por nuestro sol tropical... Así también volaron los años de tu infancia y mis años maduros también así volaron y tú te fuiste lejos buscando otros senderos, buscando otros luceros.

Le pedimos a Dios con todo nuestro corazón que en tu hogar sobreabunde todo el tiempo la solidaridad, el respeto y el amor y que derrame siempre Sus bendiciones sobre tu hermosa familia edificada sobre la roca inconmovible de Jesucristo, el Alfarero Divino, nuestro misericordioso redentor...

Y que en el día de tu cumpleaños el 31 de diciembre, ahora lejos del “Pulgarcito”, Dios te regale un “Happy Birthday” verdaderamente feliz... ¡y también un feliz año nuevo 2018 en compañía de tu amorosa familia! ¡Los amamos mucho los que aquí quedamos! Y también un venturoso 2018 para todos los compatriotas lejanos que no han podido venir a este pequeño pero lindo y querido rinconcito del planeta.

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