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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Ese día debería de haber estado en Ginebra, integrándome a la delegación tripartita del país que participaría en la 93ª Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo. A pesar de que Suiza es un país que siempre he querido conocer, desistí del viaje, perdiéndome de paso quizás la última oportunidad de visitar nuevamente París.

Las razones son simples, aunque talvez resulten absurdas para algunos. Primero, el alto costo de mi participación; segundo, el escaso "valor agregado" que podía aportar, pues ya me había adelantado un grupo de alrededor de 25 personas y, tercero, mi "costo de oportunidad", que aunque es cuantitativamente cada vez más bajo conforme pasan los años, personalmente lo tengo en una alta estima, por lo difícil que resulta encontrar un trabajo en estos momentos. A última hora también incidió el llamado a la austeridad que había hecho la señora presidenta de la Cámara de Comercio e Industria y mi propia valoración del mensaje del primer año de gestión del señor presidente de la República.

Qué institución financiaba mi viaje, no tiene la mayor importancia; después de todo, lo que gasta la administración pública se cubre con nuestros impuestos. Y esto es más relevante, en un momento en que el país atraviesa por una grave y duradera situación económica y las arcas del Estado están prácticamente vacías.

Al renunciar al placer de pasar dos semanas en Europa con todo pagado –y muy bien, por cierto–, no pretendo llevármelas de moralista o redentor. Sin embargo, mi conciencia no me permite gastar el equivalente al salario mensual de 20 policías, casi el valor de una casa para una familia pobre, cinco años de medicinas para mi hermana mayor o más de 300 subsidios dentro del programa Red Solidaria.

Además, esto es consecuente con la actitud que he mantenido durante los quince años que he acumulado en varios períodos como director en entidades públicas representando al sector privado. De hecho, en ese lapso, solo en dos ocasiones he viajado al exterior en misiones oficiales, una de ellas donde se discutió el tema de la transparencia y la rendición de cuentas en la administración pública.

El buen uso de los recursos públicos siempre ha sido una de mis principales preocupaciones como ciudadano, especialmente cuando se trata de viajes al exterior de comitivas numerosas que no generan ningún beneficio al país. En línea con esto, con mi buen amigo Óscar Panameño, tomamos la decisión de no integrar misiones al exterior como miembros del Consejo Directivo del ISSS, al tiempo que renunciamos a un seguro generoso que nos correspondía... Y cuando era director ejecutivo de la ANEP, también persuadí al Comité Ejecutivo de que prohibiera a los representantes del sector patronal en esa misma entidad asistir a la citada reunión anual de la OIT, usando recursos públicos.

En la ocasión referida al principio, ya señalé que mi participación era irrelevante y costosa. Lo curioso es que cuando devolví el cheque que ya se me había extendido, la administración de la entidad que financiaba el viaje no encontraba la forma de anular la operación, pues nunca se había dado un caso similar. Puedo decir que la cantidad asignada era suficiente para que me pasara dos semanas a cuerpo de rey y aprovechara, quizás por última vez, para recorrer París e irme de tascas en Madrid.

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P. D. Esta columna fue publicada originalmente bajo el título "¿La última oportunidad?", el 6 de junio de 2005, y solo se han omitido algunos párrafos por motivos de espacio.

Tags:

  • Conferencia Internacional del Trabajo
  • Cámara de Comercio
  • misiones oficiales
  • recursos públicos

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