A propósito de la “Marcha”

La marcha del Órgano Ejecutivo a través de su Comisión Ad Hoc, para “pedir” por la Vida, la Paz y la Justicia, en una fecha que en la América hispana fue utilizada para otras marchas de corte político, merece comentarse.
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Las marchas de exigencia o petición surgen de manera espontánea de la población –mal llamada sociedad civil– exigiendo a las autoridades correspondientes, de forma voluntaria y sin imposiciones, que ejerzan sus funciones con eficiencia en determinados casos de interés común y mayoritario. En nuestro caso, el agobio total que sentimos ante el tsunami de violencia que asuela nuestra sagrada patria y su maltrecha economía entre otros males que atentan contra la vida y la paz. Solicitamos que no se la entienda como una petición hacia los delincuentes para que “por favor dejen de dañarnos”. Si este fuese el caso, seguro que obtendríamos irónicas carcajadas en medio de mayores orgías de sangre y extorsión. La petición por la vida encierra la necesidad de que los distintos aspectos de la existencia biológica, incluyendo como esencial la parte social, se desarrollen sin conflictos y en armonía. Esa paz social requiere la más irrestricta libertad, entendiéndose como tal la sublime aspiración humana que permite la elección de acciones o abstención de las mismas que conlleven el más elevado nivel moral al dictado de la sabia conciencia individual con libertad de pensamiento y expresión. Si tenemos como base la moral, la justicia de la aspiración de vivir en paz y armonía se evidencia y se exige para que el conglomerado ofrezca, reciba y brinde con amor lo que se merece. El elemento que falta –quizás utópico– es la hermandad entre los seres humanos y con mayor fuerza e intensidad entre los componentes de una misma nación que compartimos cielo, aire, clima, desastres naturales y económicos. Observamos a miembros del Consejo convocante (obispos y civiles) que no cumplieron con la Ley de Símbolos Patrios al cantar el Himno Nacional sin la mano derecha sobre el corazón. ¿Se sienten e identifican como salvadoreños? Creo sin dudar que es posible llegar a sentirnos hermanos, como demostramos en los grandes sucesos que nos unen y no solo en el fútbol o acciones deportivas sino en los grandes eventos religiosos, como la Semana Santa de los cristianos (no la playera y de francachelas). Cristo nos legó Su Paz, a diferencia de otras creencias que fomentan el odio y la intolerancia. Sus palabras transmitidas a través de escrituras y tradiciones fueron: “Mi Paz os dejo, mi Paz os doy”.

La pregunta que surge es: ¿verdaderamente hemos recibido y poseemos la Paz que nos dio y legó el Cristo? Nadie puede dar lo que no tiene. Si no tengo paz en mi corazón, en mi familia o centro de trabajo, no puedo transmitir paz.

Encontremos nuestra paz interior, fomentémosla por la reflexión y compartámosla con un abrazo fraternal con nuestros hermanos salvadoreños y no salvadoreños, demostrado con nuestra conducta diaria.

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  • violencia
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