A puerta cerrada II

La política salvadoreña se ha construido a puerta cerrada, lejos de la participación real de la ciudadanía.
Enlace copiado
A puerta cerrada II

A puerta cerrada II

A puerta cerrada II

A puerta cerrada II

Enlace copiado
En el reino de la opacidad y la falta de la transparencia caben todos los intereses mezquinos y las ambiciones personales. Sin embargo, no todo lo que pasa a puerta cerrada es malo, ni podemos esperar encontrar funcionarios sin ambiciones personales, pero los acuerdos que tienen incidencia pública y política se deben tratar con las puertas abiertas, de forma que la contraloría social evite que esos intereses y ambiciones dominen el diálogo.

Es la ciudadanía la única con un interés y la capacidad para abrir las puertas y llevar luz a las instituciones del Estado. Para hacerlo necesitamos incorporar cinco hábitos democráticos a nuestro hacer diario:

Primero, necesitamos educarnos, conocer nuestros derechos, deberes y las leyes, comenzando por la Constitución. Deberíamos leer, por lo menos, un artículo diario y comentarlo con nuestros cercanos. Seamos agentes de la educación política.

Segundo, cumplamos la ley en todo momento, tanto cuando nos miren como cuando estemos solos. Evitemos las excusas para torcer las reglas, vitales para tener una sana convivencia. Renunciemos a la infructuosa tarea de elaborar coartadas para defender a funcionarios y políticos. Seamos agentes de la legalidad.

Tercero, definamos a tres funcionarios a los que darles seguimiento. Se sugiere el alcalde municipal, un diputado de su departamento y el presidente, lo bueno es que hay de donde escoger. Se les puede seguir a través de los medios de comunicación, de las instancias de participación ciudadana y de la Ley de Acceso a la Información Pública. Seamos agentes de la contraloría social.

Cuarto, cuestionemos todo y a todos. Necesitamos que la crítica constructiva invada y contrarreste los efectos de la ideología y del fanatismo, es hora de tener discusiones serias y sensatas sobre muchas situaciones que nos dividen. Comencemos por cuestionarnos a nosotros mismos. Seamos agentes del pensamiento crítico.

Quinto, desarrollemos relaciones con quienes nos rodean. Conozcamos a nuestros vecinos, reunámonos a hablar de los problemas de nuestra comunidad. Es necesario revertir esa tendencia a encerrarnos en nuestras casas e ignorar lo que ocurre en la calle. Como sociedad civil necesitamos ir construyendo espacios de protección mutua y de sanos diálogos. Seamos agentes del tejido social.

Al postergar nuestro aporte en educación política, legalidad, contraloría social, pensamiento crítico y tejido social, estamos contribuyendo a que se deteriore más nuestra poca institucionalidad y a que mueran muchos salvadoreños en el proceso. Necesitamos dejar de responsabilizar a los partidos, funcionarios e instituciones de la ausencia de participación ciudadana. De allí que quizás el infierno no son los otros, el infierno somos nosotros mismos cuando permitimos que la inercia, la indiferencia y la ignorancia nos arrebaten la posibilidad de construir una mejor sociedad.

En El Salvador hemos aceptado vivir a puerta cerrada, como se encontraban los tres personajes creados por Sartre. Al finalizar esa obra, y luego de mucha insistencia, la puerta de la habitación se abre y con ella existe la oportunidad de abandonar el tormento. Sin embargo, teniendo la posibilidad de hacerlo, los personajes no salen, porque aun en la más penosa de las situaciones nos necesitamos unos a otros. Con eso en mente, retomemos el papel de ciudadanía activa que pudo haber evitado que nos encontráramos así de encerrados.

Lee también

Comentarios

Newsletter