A punto de extinguirse

Por estos días, de fin de quinquenio, de fin de año, en los cuales se estiliza mucho hacer comentarios evaluativos, se establecen balances, se mencionan de manera prosaica o con un buen nivel de elaboración, tendencias, causas, efectos,... de diferentes fenómenos. En este contexto, enmarcados en el tema efectos, es de rigor la aparición del concepto extinción.
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Se habla de extinción en materia de medio ambiente. Se dice que algunas especies vegetales están en peligro de extinción, por factores como la deforestación de las zonas selváticas, la comercialización ilegal y la introducción de plantas y animales foráneos, todas causas humanas, como la extinción de especies animales derivada de la caza desmedida, para comercializar carnes, pieles, huesos, por tenerlos en cautiverio; ambos tipos de extinción tienen como común denominador las causas humanas.

En el ámbito social la vox populi y los medios de comunicación social sostienen apoyados en diversos insumos que se han extinguido los jugadores “de la selecta” que realmente “sudan la camiseta”, que dan la vida por los colores nacionales, en términos musicales, con acento de crítica a los géneros actuales y desde la subjetividad muchos con tono de suspiro sostienen que se han extinguido las buenas composiciones musicales.

En el imaginario colectivo se maneja la percepción que en las esferas políticas se han extinguido los verdaderos y legítimos liderazgos.

Los escenarios religiosos no son la excepción, ya que visto desde un ángulo retrospectivo en los años recientes, sobre todo en la etapa posconflicto armado, es palpable la ausencia de pastores de la talla profética del obispo mártir hoy beato monseñor Óscar Arnulfo Romero y quien lo relevara en la silla episcopal del arzobispado monseñor Arturo Rivera y Damas, y un pequeño grupo de sacerdotes –algunos todavía ejercen su ministerio–, uno de ellos era monseñor Ricardo Urioste Bustamante.

La muerte reciente de este notable sacerdote coadyuva sensible y lastimosamente a esa sensación que los ministros ordenados con una clara vocación de servicio e incansable visión profética, a imitación de su maestro Jesucristo, están a punto de extinguirse.

Quienes conocimos a monseñor Urioste sabemos que fue incansable, en él se aplica la frase del poema de John Denver: “Los que duro trabajan sin nunca rendirse son especie que están ya por extinguirse”. De esto se pueden enumerar algunas acciones quizá la más emblemática su rol en el rescate de la memoria de Monseñor Romero –de quien hablaba con la convicción de alguien que lo conoció y entendió su radical seguimiento a Jesús– así como su protagonismo en el proceso de canonización, matices propios de su personalidad como su temple para expresar las cosas, la clara y determinante postura desde el evangelio ante situaciones de diferente naturaleza en el seno de la Iglesia y otros escenarios, fue característico de él como se diría en términos coloquiales llamar “al pan pan y al vino vino”.

La silueta personal, teológica y pastoral de monseñor Urioste debe servir como signo de reflexión, inspiración y termómetro para aquellos que han sido llamados a pastorear las ovejas del señor, ya que en estos días muchos de manera consciente o inconsciente han cedido ante las nuevas propuestas de vida planteadas por el neoliberalismo y más parecen gerentes que pastores, esperando ser servidos y no servir.

Sirva este artículo como un modesto reconocimiento a la persona, trabajo y testimonio de monseñor Ricardo Urioste, quien encarnó un perfil de pastor a punto de extinguirse.

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