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A punto de su medio término, el régimen sufre sin remedio

Así, puede afirmarse que el régimen sólo permanece granítico en las presentaciones oficiales; de puertas adentro, algunos ya se alarman del descontento ciudadano, de lo cercados que se sienten por las dificultades derivadas de la gestión presidencial, de cómo les ha impactado o afectado la crítica estadounidense. Será imposible mantener disciplinado a un grupo tan heterogéneo que no perseguía más que algún poder y algunas prebendas. El disenso se manifestará pronto. ¿Esas son buenas noticias para la ciudadanía?

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A punto de su medio término, el régimen sufre sin remedio

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El régimen sufre del deterioro de imagen lógico, a pocos meses de su medio término. Entre la pandemia y sus efectos en la economía y la perspectiva de la vida, las deficiencias de una burocracia a la que no le han metido verdaderamente el diente y las propias carencias de su cúpula y mandos medios, la insatisfacción de la nación ante estos dos años y medio del cogobierno de GANA y Nuevas Ideas es comprensible.

Las carencias de su cúpula han contribuido a la erosión del gobierno. Se resumen en la incoherencia entre discurso y acciones, la falta de transparencia y el despilfarro; juntos, estos elementos desembocan en un estilo, un discurso y una ruta autodestructivos.

Por incoherencia, cabe recordar que las primeras semanas de esta administración fueron de cruzada contra el nepotismo. El presidente se encargó personalmente de divulgar lo común de esa práctica en el gobierno saliente, e hizo de la identificación y despido de esas personas, entre ellos acaso los menos algunos profesionales que sí estaban calificados para el rol que desempeñaban, una suerte de ejecución pública. Pero años después, El Salvador se entera merced al periodismo independiente de lo común de esa práctica entre las filas del nuevo oficialismo. Hermanos, primos, cónyuges y compadres del presidente y de su gabinete, alcaldes y diputados, pululan en el aparato del Estado, sin ningún mérito más que el de la consanguinidad y la segura obediencia, silencio y complicidad con el Ejecutivo.

Eso golpea tanto la imagen del régimen como su sistemática reticencia a rendir cuentas, el ocultamiento de información incluso oficiosa y el pernicioso celo en desacreditar los datos y conclusiones que eventualmente se les escurren pese a la intimidación en la que mantienen a los empleados de confianza y a quienes detentan cargos sensibles. Para completar el cuadro, los signos de despilfarro de GANA y Nuevas Ideas, opulencia a costillas del raquítico erario nacional, son tan visibles como el secretismo con que pretenden controlar a la opinión pública.

Los deficientes filtros utilizados para elegir a sus candidatos municipales y legislativos también le están pasando la factura al oficialismo. La victoria era tan segura que se permitieron establecer sólo una condición para ser candidato o candidata: obediencia. A cambio, se les garantizó la curul o la silla en el concejo, un buen salario, prestaciones, notoriedad y eventual impunidad siempre y cuando consumaran el desmontaje del órgano judicial y de la contraloría. Pero si la novatez, la falta de instrucción y preparación y la ambigüedad moral ya ponían a muchas de esas personas en un problema una vez asumida la posición, el empobrecimiento de los municipios y la potencial comisión de faltas por las que después tendrán que rendir cuentas han calado en el ánimo e ímpetu iniciales de unos y otros.

Así, puede afirmarse que el régimen sólo permanece granítico en las presentaciones oficiales; de puertas adentro, algunos ya se alarman del descontento ciudadano, de lo cercados que se sienten por las dificultades derivadas de la gestión presidencial, de cómo les ha impactado o afectado la crítica estadounidense. Será imposible mantener disciplinado a un grupo tan heterogéneo que no perseguía más que algún poder y algunas prebendas. El disenso se manifestará pronto.

¿Esas son buenas noticias para la ciudadanía? No necesariamente, a menos que esta se encuentre a la altura del momento histórico.

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