A quienes están decepcionados

¿Se le ha pasado por la mente que el desánimo a raíz de ver las noticias sociopolíticas complejas no es una opción viable? Lo digo porque nadie se beneficiaría si la ciudadanía se cansa y busca cómo irse del país. Con esto dejaríamos solos a los buenos elementos primerizos en política que se han atrevido a mojar su honra en la acción del servicio público, junto con experimentados funcionarios probos que son bastante más que los corruptos. No olvidemos que la labor de un líder es precisamente enfrentar sensatamente las situaciones complicadas tratando de simplificar las decisiones.
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El talante positivo que me permite ver con esperanza que El Salvador tiene posibilidad de salir adelante no está fundamentado en la publicidad del Gobierno, muy bonita por cierto, pero que fácilmente pueden ser desmontable con solo leer o ver las noticias desgarradoras sobre la realidad salvadoreña: violencia irracional y la falta oportunidades de empleo para los jóvenes y para papás con hijos. La verdadera razón por la que creo que no debemos sucumbir a la decepción generalizada contra la clase política es por el despertar ciudadano. Efectivamente, gracias a esta presión, la gente está más alerta e interesada en los temas de nación: evitar confiscación de las pensiones; que no se den prestamos si no hay una comisión ad hoc a quien le den cuenta de cómo y en qué los usan en seguridad; que está funcionando Probidad de la CSJ; que ARENA se moderniza y tendrá primarias internas a través de un reglamento elaborado en colaboración con votantes, miembros de ese instituto político y sugerencias de personajes notables por su trayectoria en favor del bien común.

Dios es el dueño de la historia. Nada se puede afirmar con certeza, ni nadie tiene una bola de cristal para saber qué pasará adelante. El destino está en manos de cada persona, y cada nación tiene los políticos y funcionarios que se merece. Consecuentemente, nunca, como antes en el pasado, el futuro ahora está en manos de la sociedad civil, pero necesita aprender a mirar con optimismo buscando encontrar cosas buenas dentro de nuestra patria, para reconocer cuáles son los políticos que quieren hacer una diferencia en la gestión transparente de la cosa pública.

Concretamente, para cada cristiano es una obligación trabajar por el bien común para favorecer el progreso de sus conciudadanos, quienes son sus hermanos e hijos del mismo Padre, independiente del credo o bandera partidaria. Unida la ciudadanía, debemos evitar caer en dos sistemas sociales ideológicamente contrapuestos: el liberalismo individualista egoísta y los colectivismos socialistas del siglo XXI, para vigilar que se use la autoridad y el poder para fortalecer la democracia. “Se puede decir, de forma sintética, que el ejercicio de la autoridad viene delimitado por un doble principio: en primer lugar, el servicio al bien común, fundamento próximo de la autoridad, aquello que constituye su razón de ser (la autoridad ha de mirar siempre y de manera inmediata al bien común, pues es lo que la constituye) y, por otra parte, aunque en continuidad con él, el principio de subsidiariedad”. Profesor Rodrigo Muñoz.

Ahora, la sociedad civil ya cuenta con la vivencia en carne propia de su elección por la alternancia y puede preguntarse: ¿Estoy mejor que antes? ¿Han sabido administrar la cosa pública? ¿Tienen mejores oportunidades mis hijos?

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  • kalena de velado
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