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A todo chancho le llega su San Martín

Un estilo de vida que distaba años luz de su supuesto guía espiritual, Monseñor Romero.
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El título corresponde a un conocido refrán que se viene utilizando desde hace cientos de años en España y Francia. Esto a raíz de que cada 11 de noviembre se festeja el día de San Martín de Tours, donde se sacrifica el cerdo para la festiva comilona.

Es equivalente al tropicalizado refrán “A todo chumpe le llega su Navidad”, con el cual encabecé otro artículo, donde me refería a las investigaciones sobre enriquecimiento ilícito en torno al expresidente del Seguro Social Leonel Flores. En este artículo traía a cuenta otra afirmación que hiciera hace casi 9 años: “En nuestro país, los que mal andan, tarde o temprano, mal acabarán. Aquellos que malamente se aprovechan del Estado para interés y fortuna propia, creyendo que su permanencia en el poder es prolongada, mal acabarán; pues la mano de la justicia podrá ser lenta y obstaculizada, pero tarde o temprano alcanza a los que se burlan de ella. Como lo muestran muchos casos en América Latina, los que mal anduvieron se pudieron esconder pasajeramente de la historia, pero no han podido ni están pudiendo evitar ser atrapados por su inexorable y justa marcha” (12/2007).

Me parece pertinente traer a cuenta tales textos a raíz de los recientes casos que ha iniciado la Fiscalía: el de Mauricio Funes y su cohorte, y el del empresario Enrique Rais y el exfiscal Martínez. Dos sonados casos donde la Fiscalía posee fuertes evidencias de corrupción. Bastaba que llegara un fiscal honesto y decidido a cumplir la ley, acompañado de un buen equipo de fiscales de semejante talante, para que la pestilente olla se destapara.

En el caso de Funes, si fuera cierto que logró esconder sus propiedades inmuebles, empresas o cuentas, poniéndolas a nombre de otros, su lujoso y excéntrico estilo de vida lo delató. Sin duda alguna un estilo de vida que distaba años luz de su supuesto guía espiritual, Monseñor Romero. La evidencia es contundente: es imposible explicar dicho modus vivendi y sus millonarias pertenencias solamente con la fuente legítima de sus ingresos. En el caso Rais-Martínez, las pruebas estaban dentro de casa. Bastó de nuevo la aplaudible decisión fiscal de hurgar en su propia casa para sacar a luz las evidencias y proceder según lo que la ley manda.

Ciertamente, estas actuaciones del fiscal y su equipo, al que muchos le reconocían su honestidad y calidad técnica, pero dudaban de su actuar firme y decidido, han marcado ya un importante precedente: personas que parecían intocables han sido tocadas, personas encumbradas sabrán ahora que también pueden caerse del pedestal. Se ha establecido un gran preventivo de la corrupción. No sabemos si al final, allá en los vericuetos de los jueces y tribunales, a pesar de la abultada evidencia, se procederá como Dios manda. No sabemos si al final el último eslabón del sistema de justicia hará justicia.

Sin embargo, pase lo que pase, ya se han puesto de manifiesto al menos dos importantes cosas. En primer lugar, ha quedado en evidencia, tal como el mismo fiscal lo ha dado claramente a entender, la inoperancia, complacencia y complicidad de otras instituciones o instancias. ¿Dónde estaba la Corte de Cuentas, que en lugar de realizar su labor contralora se destacó por otorgar un alegre finiquito al expresidente Funes? ¿Dónde estaba la ahora Secretaría de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción mientras los hechos pasaban desfilando enfrente de sus propias narices?

En segundo lugar, el actual fiscal y su equipo han hecho asomar la esperanza, han logrado comenzar a despertar confianza en una institución defensora de los derechos del ciudadano y contralora del Estado en la que casi nadie creía. Ahora se abren alentadoras posibilidades de cambio con la combinación de instituciones claves sin lazos partidarios y apegadas a Derecho (como la Sala de lo Constitucional y ahora la Fiscalía), junto a una ciudadanía más activa e intolerante hacia la corrupción. Vayan entonces nuestras felicitaciones a la Fiscalía. Mientras más sigan adelante, más encontrarán el apoyo de la mayoría de la población.

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