A unas horas de que concluya la campaña electoral, hay que prepararse para administrar los resultados que se den

Ojalá que la voluntad ciudadana se manifieste con el ánimo equilibrador que ha sido su tónica desde hace mucho tiempo, en función de estimular las buenas prácticas democráticas desde el poder.
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Estamos a menos de 72 horas para que concluya la campaña electoral de 2015, y de seguro ya los ciudadanos tomaron sus respectivas decisiones sobre cómo emitirán su voto. El próximo domingo es el día señalado para la elección, y todas las expectativas están abiertas, porque en esta oportunidad es más difícil que nunca dar de antemano por seguro algún resultado específico. Especialmente en lo que toca al reparto de diputaciones, está por verse cuál será el efecto del sistema de voto cruzado, que en cualquier circunstancia incidirá sobre las cifras finales.

Como hemos señalado en ocasiones anteriores al referirnos al tema de los resultados electorales por venir, lo que al país le conviene en este preciso momento de su evolución democratizadora es que de las urnas resulte un equilibrio de fuerzas que imposibilite la manipulación por parte de intereses partidarios o ideológicos y que, por el contrario, estimule los consensos en puntos de interés general más relevante. Lo ideal sería que, por obra de la correlación de fuerzas, los partidos con mayor representación tuvieran que entenderse para tomar las decisiones que apunten razonablemente hacia la solución de los problemas del país.

Pero independientemente de los balances que salgan del ejercicio de la voluntad popular expresada en las urnas, lo que no podemos como sociedad es darnos el falso lujo de mantener trincheras políticas como las que han estado presentes hasta la fecha, a pesar de ser expresión de una forma ya totalmente obsoleta de ejercer el poder representado. Y esto queda cada vez más en evidencia cuando se constata cómo se han venido complicando los problemas en la medida que no han tenido los tratamientos que la misma realidad vuelve insoslayables.

Lo que la ciudadanía está esperando con impaciencia apremiante es que las distintas fuerzas políticas asuman el reto de madurez que las circunstancias demandan. Ya ninguna de dichas fuerzas puede eludir tal reclamo sin exponerse a las consecuencias; y en esta oportunidad se ha visto, como señal saludable, que los jóvenes están más presentes y son más visibles en las respectivas candidaturas, en razón de que existe una aspiración ciudadana muy notoria en la línea de que eso ocurra, precisamente para refrescar el esquema político, que ya lo necesita con urgencia.

Ojalá que la voluntad ciudadana se manifieste con el ánimo equilibrador que ha sido su tónica desde hace mucho tiempo, en función de estimular las buenas prácticas democráticas desde el poder. En 2012 ocurrió así, pero fue la irresponsabilidad de algunos que fueron elegidos entonces lo que desarticuló el equilibrio resultante de las urnas. En esta ocasión habrá que estar muy atentos a lo que pasa, porque no se vale tropezar dos veces con la misma piedra. Lo que debe buscarse, en todo caso y en todo sentido, es que los intereses propios de la sociedad salgan fortalecidos, y para ello las diferentes fuerzas y sus representantes deben actuar en consecuencia, al servicio de la democratización que a todos nos compromete.

Dentro de muy poco tendremos configurados los concejos plurales en todo el país y el nuevo mapa legislativo. Lo que viene, como tarea de la que nadie podrá escapar impunemente, es la administración sensata de dichos resultados. En cuanto pase el 1 de mayo, que es la fecha de toma de posesión de todos los elegidos, se podrá empezar a ver y a calibrar lo que nos espera en el trienio entrante.

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