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A votar y a botar

Mucha gente dice que está cansada de los políticos, de manera genérica, sin darse cuenta de que esas personas están donde están porque la ciudadanía los eligió. Si usted dice que no fue a votar, y que no los eligió, está en un grave error, porque su decisión de no participar fue la que permitió elegir a los políticos contra quienes usted ahora reclama y cuestiona.

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Por tanto, ejerza su voluntad, porque en un sistema de libertades y donde impera la democracia, la elección está en sus manos. Probablemente muchas personas puedan sentirse adversos y tener sentimientos encontrados hacia Roberto d’Aubuisson, pero llegó al fundamento de la democracia cuando expresó “el arma más poderosa de los hombres libres es el voto”. Así es, el voto es su arma para premiar o castigar.

Por eso, al ejercer su deber ciudadano, usted puede cumplir dos funciones fundamentales: “votar por los mejores” a su parecer, y “botar a los que no deben seguir en política”. Esto aplica en las preferencias que usted tenga hacia uno, otro o varios partidos o candidatos no partidarios.

Quien le diga “no vote”, directa o solapadamente, le está dando un pésimo consejo, porque si no lo hace, otros lo harán por usted. Peor aún, cuídese si tras esta aseveración hay un interés personal, porque eso se llama “cinismo”, que según la Real Academia Española es una característica de una persona que “actúa con falsedad o desvergüenza descaradas”. Este tipo de engaño es igual que cualquier otra falsedad que le pueda decir un “político viejo”, son viejas ideas del mundo sucio de la política, nada nuevo.

Si usted vota en blanco o nulo, es igual que no hubiese ido a votar, porque su decisión no se toma en cuenta.

Si opta anular su voto para que los partidos no reciban más dinero, está bien, pero sepa que el valor de cada voto para diputados es de $2.82. Ahora, considere que hubo 48,882 votos nulos en 2015 y, si aumentaran 10 %, llegarían a 54 mil, evitando un pago de $152 mil a los partidos, que lógicamente, podrán ser utilizados para financiar otros gastos del Estado. Lamentablemente, como usted no “votó” y no “botó” a los malos políticos, este dinero que usted cree le está ahorrando al país, no terminará reforzando los programas sociales que usted quisiera, sino que terminarán siendo despilfarrados en gastos superfluos.

Por esto, vaya y vote para que el partido o los candidatos a diputados de su preferencia sean elegidos. No todos son corruptos y malos. De todo hay en la viña del Señor. Es de inteligentes saber esto, y es de sabios reconocer cuáles son los malos y los buenos, especialmente cuando ellos elegirán la próxima Sala de lo Constitucional por 9 años. Si se equivoca, estará poniendo en mucho riesgo a El Salvador.

Si vota con sabiduría, usted ayudará a tener una mejor clase política que, aunque no le guste, de las leyes que ella aprueba depende la forma cómo nos relacionamos a diario en la sociedad. No olvide: “nuestra sociedad será tan justa, honesta y virtuosa como sean justas, honestas y virtuosas nuestras leyes, ellas lo serán en la misma proporción que los parlamentarios sean justos, honestos y virtuosos”. Lógicamente, sea sabio para votar.

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