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APP: Del invento al diseño...

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Óscar Picardo Joao / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Posiblemente la alianza entre sectores público-privados más exitosa que hemos tenido en los últimos años sea el caso del ITCA-FEPADE (1991 BID, GOES-FEPADE); el resto es una historia dudosa de fracasos, y en la lista encontramos: CEL-ENEL, la Ley de 2012 con vacíos, Puerto Cutuco, SITRAMSS, Fomilenio I y va en camino Fomilenio II (por su alto nivel de dispersión y burocracia).

Una Alianza Público-Privada (APP) exitosa supone una verdadera visión de “socios”, en donde se comparten riesgos, ganancias y pérdidas, y no un modelo de licitaciones, contratos u outsourcing. También implica una visión de largo plazo (de Estado y no de Gobierno), reglas claras y transparentes, confianza mutua y un beneficio confirmado para la ciudadanía en el marco de tasas de retorno concretas y costo-beneficio bien estudiados; todo enmarcado en un sistema legal técnicamente bien hecho.

Las ventajas de una APP bien diseñada suponen: no aumentar la deuda pública, eficacia en las operaciones y obras, reducción de costos y burocracias, estimular la innovación, responder a necesidades urgentes y mejorar las capacidades en una visión de “Joint-venture”. Por otra parte, también señalamos ciertas desventajas: incremento en costos de servicios (el lado empresarial invierte para ganar), favorecer la corrupción (cuando las reglas no son claras o transparentes), privatizar o desregular servicios públicos, coartar el poder del gobierno, entre otros.

La Fundación CODESPA plantea 8 recomendaciones para el éxito de una APP: confianza institucional y técnica; acuerdo de herramientas de gestión a utilizar; valoración de la dimensión temporal en la alianza; orientación a resultados de mayor impacto; evitar la visión de “piloto automático”; dar importancia a la visibilidad de la alianza; reconocimiento y valoración mutua entre los socios. Esto supone aprender bien de los errores de experiencias anteriores y una planificación con asertividad de las partes, considerando una justificación adecuada de la APP, estimaciones precisas de lo que va a suceder, mitigar los costos y sobre todo elegir un modelo de gestión y financiamiento favorable para todos (socios y ciudadanos).

Tenemos que transitar de una visión de “inventos” u ocurrencias sin asidero técnico hacia un modelo de “diseño” de soluciones. Con más datos, información y conocimientos, y con menos percepciones y olfato político; no podemos seguir malgastando decenas o centenas de millones de dólares en adefesios en un país con tantas necesidades.

A pesar de las conjeturas de David Hall: “Las APP están acostumbradas a ocultar el endeudamiento público, al mismo tiempo que otorgan garantías estatales a largo plazo para que las empresas privadas obtengan beneficios. Debemos recordar que las empresas del sector privado deben maximizar los beneficios si quieren sobrevivir. Este hecho es incompatible con la protección del medio ambiente y el acceso universal a servicios públicos de calidad”, es posible pensar y creer en modelos honestos, lo que demanda un diseño con ética y no con intereses.

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