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ARENA ¿en riesgo de extinción?

Meses antes de las elecciones y ya se escuchan los tambores de la tan conocida guerra política: el confuso y despistado ruido de la militancia; cúpulas y dirigencias alineando sus poderes fácticos vigentes; la descalificación de potenciales adversarios a través de los desmesurados ataques personales; la saturación de los medios con todo lo bueno, lo malo y lo feo; el incremento de “Fake news” (noticias falsas) en las redes sociales, y, claro, no podían faltar las apocalípticas e incesantes opiniones, artículos y pseudoinvestigaciones sobre el inminente, y tan esperado por algunos, fin del partido ARENA.

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ARENA ¿en riesgo de extinción?

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Los factores citados por sus detractores, que supuestamente corroboran su inminente final, son los mismos de siempre: falta de disciplina interna; cambio de argollas; su memoria histórica está teñida de sangre; los ideales que representa no tienen vigencia; y últimamente se le atañe discriminación de género; entre muchos otros males y perjuicios. La inevitable conclusión, según sus adversarios, es el total y contundente rechazo del pueblo provocando así el tan deseado deceso de la institución política en cuestión.

Sin embargo, ARENA es el partido que más elecciones ha ganado desde los acuerdos de paz, es el partido que tiene el mayor número de diputados en la honorable Asamblea Legislativa y el mayor número de alcaldías; gana las elecciones a pesar de sus dirigentes, es más, en muchos casos a pesar de sus candidatos, ¡hmmm! Nada despreciable para una entidad en vías de extinción, pero ¿por qué el éxito de ARENA?

Los factores citados por sus detractores, viéndolos fríamente y con la sinceridad del caso, contienen ciertos elementos verdaderos, elementos negativos que deberían sustentar los apocalípticos resultados del tradicional análisis; sin embargo, los positivos resultados de los que goza ARENA simplemente no los avalan. La clave está en la palabra “tradicional”, la viabilidad de un instituto político como ARENA no está sujeta a la narrativa histórica, los entornos de otras épocas ya no existen, la única manera de juzgar la viabilidad de una institución como ARENA es examinando su presente, que tanto representa los anhelos y aspiraciones del electorado actual. El partido es más que sus dirigencias pasadas, presentes o futuras, va más allá de estas, más allá de sus militantes, de sus estructuras, es una institución que representa el ideario de un significativo segmento del electorado salvadoreño.

Si bien la razón de ser de ARENA, como todo partido político aquí y en todo lugar, es ganar elecciones, conquistar el poder y enquistarse en este, el gran desafío que ARENA encara es aceptar que los intereses del “pueblo” no coinciden con los intereses de nuestro querido El Salvador: después de años de populismo el “pueblo” quiere que papá gobierno le resuelva sus problemas, mientras que nuestro querido El Salvador necesita desarrollo sostenible, no caigamos en la trampa de regalar lo poco que se tiene, hay que invertir lo poco que se tiene.

ARENA tiene la responsabilidad histórica de presentar cuadros de candidatos con clara devoción democrática y espíritu de servicio. La partidocracia que vivimos, ese espejismo de democracia, nos hace creer que las soluciones están al alcance de los partidos políticos, nada más alejado de la cruel realidad, es al revés, menos intervención de estos, mejor nos va. ¡Escojamos bien!

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