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ARENA y la derecha

Los partidos políticos, especialmente los mayoritarios, son como un tren y ARENA no es la excepción, un tren en movimiento, una locomotora y tres vagones. En la locomotora van el conductor y sus asistentes, en el primer vagón los funcionarios electos, en el segundo vagón la militancia y en el tercero los simpatizantes, hay veces muchos, pocos otras.
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Cuando se pide cambio de dirección, la reacción inmediata es la de suplantar al conductor y sus asistentes, aplicación de ese modelo de gestión tan guanaco que llamaremos “el de la Selecta”: “No se preocupen, todo está bien, ya echamos al profe”. Cambiar conductor en esta coyuntura sería un error garrafal y entregar la conducción al candidato presidencial sería un error histórico.

El cambio de dirección que sugerimos sea sometido a revisión es la del tren, es decir, hacia dónde se dirige. ARENA tiene que hacerse un examen académico, frío y seco, y la primera pregunta que toda organización debe contestar es: ¿cuál es su razón de ser? ARENA debe decidir si va a ser un instituto político moderno, pensante y serio, un componente abonador de la derecha, o va a continuar siendo esa maquinita de hacer votos al servicio de los contendientes de turno, como un oso en hibernación, que se despierta cuando hay elecciones, hace ruido, tira zarpazos y, media vez hay electos, o se lame las heridas o goza de las mieles del triunfo, y regresa a ese semicatatónico estado de hibernación.

La reflexión que sugerimos es una revisión profunda de los métodos y procedimientos para elegir a los pasajeros de la locomotora y del primer vagón: modernos, transparentes y democráticos, que reflejen la voluntad de la militancia en general; como también para nombrar jefaturas de los pasajeros del segundo vagón. Palabras clave: mérito, convicción.

Más importante, ARENA le debe al país sentar camino hacia una verdadera democracia representativa, la elección directa de diputados y concejales, los distritos electorales. Esta sería la mayor contribución hacia un El Salvador próspero y seguro, no tiene por qué temerle a la voluntad del pueblo. ¡Ah!, no nos olvidemos de esos ingratos, molestos e irreverentes pasajeros del tercer vagón, los simpatizantes, los no afiliados, los mal llamados indecisos, los que se suben y bajan, los que al final deciden quién va en el segundo vagón y en qué tren, esos que quieren oír lo que quieren oír durante la campaña, los que piensan “¿cuánto me va a costar (impuestos) o cuánto me va a beneficiar (inversión social) el electo?”

Bien, estos necesitan de un ideario claro y contundente, que refleje el estado del mundo actual, sus realidades y desafíos, y lo más importante: el futuro. Necesitan contar con dirección clara, un paso firme, talvez lento pero contundente.

ARENA no tiene por qué disculparse de los tales 20 años, como tampoco lo tendrá que hacer la presente administración cuando termine. Toda administración tiene sus aciertos y desaciertos, sujetos estos a evaluaciones subjetivas de los eruditos y los fanáticos (holgazanes intelectuales). Hay mucho bueno que acentuar.

No tiene que caer en la tentación de ser todo para todos, ese camaleón político, ni chicha ni limonada, de incrédulas y cambiantes posiciones. No, absolutamente no, defina posiciones y que escojan.

La presente dirigencia tiene el peso y el caudal de apoyo para efectuar una transición de partido de partidocracia hacia un instituto político. Hay suficiente masa cerebral en ARENA para sentarse en silencio, reflexionar, debatir y concluir. ARENA tiene la suficiente madurez para evolucionar rápidamente de tribus tácticas a un instituto político estratégico. ¡Que Dios los guíe!

Tags:

  • locomotora
  • funcionarios electos
  • error historico

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