ARENA... cambios para no cambiar

Vamos a echarle un vistazo a los cambios recién anunciados por ARENA, a los cambios de estructura organizacional, desde un punto de vista de Comportamiento Organizacional, un vistazo académico, frío y seco.
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El cambio anunciado es la “democratización” del partido a través de la creación de tres poderes: Legislativo (Comisión Política), Ejecutivo (COENA) y Judicial (Tribunal de Ética), de igual peso dentro de la estructura.

Hay ciertos prerrequisitos para que un modelo organizacional de este tipo pueda existir exitosamente: primero, los miembros del legislativo deben de ser representantes de las bases, representantes del área geográfica donde estos residen, y no sectores artificiales tales como fundadores, expresidentes, expolíticos, excombatientes, flacos, gordos, calvos, Dios sabe cuántos más. Los miembros de los tres poderes deben de ser elegidos por la militancia a través del voto secreto y todo miembro debe de tener igual derecho a postularse para cargos dentro del partido. La transición del modelo actual, cien por ciento vertical, el del hombre fuerte, hacia un modelo verdaderamente democrático es un largo y tortuoso camino, un Gólgota; requiere de un plan estratégico bien definido y de tutelaje externo en su ejecución. Lo propuesto va a caer en lo inevitable, un modelo de gestión corporativo donde la Comisión Política es la Junta Directiva con su CEO (presidente) y sus miembros representan a los accionistas de poder; el COENA es la gestión gerencial, el funcionar del día a día; y el Tribunal de Ética, un departamento de recursos humanos que simplemente tramita los despidos. La gran y única ventaja entre este modelo corporativo y el presente es que la Comisión Política provee un foro, para que los finos gallos de pelea, representantes de los grupos allí enquistados, puedan agarrase sin tener que recurrir a la acción detrás del telón, a la destructiva intriga en la oscuridad.

De cara a las elecciones de 2014 es un paso en la dirección correcta, da cabida a esos grupos de poder que se sienten excluidos, minimiza la contienda interna; de cara a la “democratización” del partido, ni por cerca. La presencia de diputados y funcionarios públicos en las estructuras gerenciales del partido es frustrante, parecería que un instituto político, maduro y con tantos años de poder, diera muestras de comprensión de conceptos básicos como los de “Conflicto de intereses”: “Un conflicto de intereses es un conjunto de circunstancias que crean un riesgo que el juicio profesional o acciones sobre un interés primario se verán influenciadas por un interés secundario”. “Los intereses secundarios no son tratados como malos en sí mismos, pero son objetables cuando se cree que tienen, o pueden llegar a tener mayor peso que los intereses primarios. El conflicto en un conflicto de intereses existe aun y cuando una persona no esté influenciada por el interés secundario; intereses secundarios llevan a la corrupción”.

Veamos los diputados, constitucionalmente se deben al pueblo que representan: ese es su interés primario y no deben tener, bajo ninguna circunstancia, intereses secundarios que puedan afectar sus decisiones; los intereses del partido pueden en determinado momento ser opuestos a los intereses del pueblo que representan, hemos visto, sin ir muy lejos, los nocivos efectos de diputados buseros, diputados prestamistas entre muchas otras criollas versiones. Esto no es decir que los diputados no puedan pertenecer a un partido político, ridículo sería postular algo semejante, lo que no deben es servir a dos señores. ¿Y el Frente? Pan para su matata. ¡Bendiciones!

Tags:

  • democratizacion
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