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Abrazos, mamá valiente

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Claudia D. Ramírez

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Las agresiones y abusos sexuales contra los niñas, niños y jóvenes de este país siempre han sido un tema sensible. Por eso, el caso del magistrado Eduardo Escalante, acusado de abusar de una menor de edad, vuelve a recordar la importancia de profundizar en este tema y educarnos alrededor del mismo.

Este caso, como muchos otros, me recuerda lo difícil que es ser niña, joven y mujer en este país. Y lo difícil que es ser mamá en una sociedad donde de alguna manera hemos normalizado el acoso, los tocamientos e incluso las agresiones.

Hace varios años ya, apoyamos como familia a una mamá cuya hija había sido tocada por su empleador. El hombre, dueño de un comedor, había manoseado a la pequeña. Una compañera de la mamá la advirtió, y esta, sin pensarlo, dejó el trabajo y sacó a su hija de ese lugar, alejándola del riesgo en el que se encontraba. No tenía nada, no tenía otro trabajo, pero la seguridad de su hija estuvo en primer plano y no hubo ni un atisbo de duda sobre lo que tenía que hacer.

Ella misma, esta madre, había sido abusada años atrás y el círculo estaba a punto de repetirse. Pero ella no lo permitió. Siempre la he admirado por su honestidad, la forma en la que ha protegido a sus hijos y su incansable gana de trabajar para sacarlos adelante. Ese día la admiré más, porque no es fácil enfrentarse a esta sociedad, a la zozobra que implica perder un trabajo y enfrentar a un abusador.

Y eso, desgraciadamente, es una situación constante en nuestro entorno. Hace tiempo, también hicimos un taller con jovencitas, en cuyo grupo no había una sola que no hubiera atravesado una situación incómoda de acoso, tocamientos e incluso agresiones sexuales. Ni una, entre 15.

Lo importante de casos como el del magistrado Escalante es que no sentemos precedentes nefastos que fortalezcan esta idea enfermiza de "solo" le hizo eso... "solo la tocó sobre la ropa, solo la acosó, solo la acorraló, solo fue encimita...". No normalicemos la violencia contra los niños y las niñas.

La resolución de la Cámara no niega el acto del magistrado aunque este no haya sido vencido en juicio, pero lo minimiza, como solemos hacer con cientos de situaciones en las que un niño o una niña nos dice que se siente incómodo con alguien.

Tenemos que entender que al no sentar precedentes ejemplarizantes en personajes que son públicos el resto siente aún más libertad para cometer ilícitos.

Como lo he dicho en reiteradas ocasiones, uno de los peores cánceres de este país es LA IMPUNIDAD, porque la sociedad se mueve como si no van a haber consecuencias. No hay castigo si me paso el rojo, si me tiro la línea amarilla, si no pago la multa, si no boto la basura en su lugar, si sobrepaso, si acoso a la mujer en el bus, y así hasta llegar a casos en que se roban millones.

Debemos analizar qué clase de sociedad queremos ser en adelante y en qué nos estamos convirtiendo. Estoy de acuerdo en que debemos respetar los procesos; en este caso, la apelación de la fiscalía, el paso a la siguiente cámara, o que llegue a la Corte en pleno, pero eso no nos inhibe, de ninguna manera, de protestar y mostrar lo ofendidos que nos sentimos por este caso.

Si fuera mi hija no me callaría, no pararía hasta encontrar justicia.

No dejemos solas a estas mamás que pasan por este infierno y, sobre todo, no dejemos que esta sociedad, que sus leyes y quienes las dictan les hagan sentir que denunciar no sirve de nada. No se vale.

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