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En un par de semanas iniciará el Mundial de Rusia y el fútbol acaparará la atención de miles de salvadoreños. Este espectáculo deportivo hace suponer que las noticias y temas nacionales pasarán a un segundo plano. Así las cosas y dado el hartazgo de la ciudadanía de los dirigentes y partidos políticos, convendría que –del 14 de junio al 15 de julio de 2018– los medios de comunicación ayudaran a que la ciudadanía tuviera un respiro (descanso) y se preparara psicológicamente para sobrellevar la intensa contienda presidencial 2019.

Esta benévola propuesta es inviable. ¿Por qué? Debido a que la campaña presidencial ya está en marcha y la sociedad civil está vigilante de la actuación de la clase política, particularmente en tres procesos: (1) elección de cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional, (2) adopción de medidas de austeridad en los tres Órganos de Gobierno y (3) la preparación de las fórmulas presidenciales y las negociaciones partidarias de cara a los comicios de 2019.

La mayor incógnita pareciera estar en quién se sentará en la silla presidencial entre 2019-2024. De acuerdo con las encuestas de opinión a mayo de 2018, un alto porcentaje de connacionales asume que habrá alternancia en la Presidencia de la República. Ese acontecimiento sería importante pero no determinante. La pregunta de fondo es ¿cómo hacer para que los salvadoreños vivan en paz y progresen en su país? Por ello, se hacen las siguientes reflexiones para que los gobernados (electores) no se dejen llevar por demagogos ni por populistas.

Reflexión 1. La realidad virtual se superpone a la realidad objetiva. Numerosos compatriotas le dan la espalda a la crisis múltiple que vive el país y se desconectan del entorno (chateando, mirando novelas, navegando en internet, participando en redes sociales y viendo TV por cable).

Reflexión 2. El uso de la fuerza bruta se ha convertido en el modus vivendi de miles de compatriotas. Es decir, el crimen es un negocio. La pérdida del control territorial y la expansión de los negocios ilícitos hacen que la violencia delincuencial tenga de rodillas al país.

Reflexión 3. El poder económico pareciera no haber aprendido la lección. Las cúpulas empresariales tienden a reducir la problemática al inapropiado clima de negocios y la inseguridad. La decadencia social pareciera no importar. ¿Vendrá una teoría del rebalse 2.0?

Reflexión 4. La lucha por el control del aparato estatal nubla el horizonte. Uno de los mayores obstáculos es el centralismo (concentración del poder en pocas manos y en la ciudad capital). Esta forma de gobernar es anacrónica y se sustenta en la corrupción, exclusión y migración.

Conclusión: los problemas que agobian a los salvadoreños no se resuelven con medidas improvisadas, cortoplacistas y asistencialistas. Este argumento contradice la publicidad gubernamental y refuerza la percepción que tienen incontables coterráneos sobre el bajo desempeño de los gobernantes. Esta situación contribuye a que crezca el número de ciudadanos en contra del poder establecido; paradójicamente, ningún aspirante presidencial plantea cómo y con qué recursos se van a superar los principales problemas. El acertijo es, entonces, cómo hacer para que El Salvador no caiga en la anarquía y salga adelante.

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