Acoso y engaño

El segundo gobierno del FMLN ha entrado en la recta final con un bajo nivel de aceptación inédito en la historia reciente del país.
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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Uno podría pensar que este mero hecho debería ser suficiente para no seguir haciendo más olas, ya que quizás en lo que le resta de su mandato saldría mejor librado si no comete otros deslices que revuelvan más las aguas. Sin embargo, pareciera que su tarea consiste en seguir haciendo mal las cosas y desechar todo aquello que puede ayudarle a salir del pantano.

En este escenario, esperar, por ejemplo, un acercamiento genuino entre el gobierno y la empresa privada es llamarse al engaño. Intentos de acercamiento los hubo en el pasado, pero como viene ocurriendo desde la administración anterior, todo se queda en el discurso. Lo más frustrante es que en muchos casos, las rupturas se originan en cuestiones pedestres, como la descalificación irresponsable de la contraparte, aunque estén en juego acuerdos fundamentales.

Un caso que ilustra lo dañino que puede resultar el que una de las partes actúe de mala fe en ese tipo de eventos se dio la semana pasada. Mientras la presidente de la SIGET salía eufórica de un acto dirigido a promover el diálogo y el acercamiento del gobierno con los empresarios, desde el MINEC estaba saliendo el nombramiento arbitrario como director de la entidad por parte de la empresa privada de una persona que ni por cerca pertenece al sector. En este caso, está más que justificado el rechazo de la ANEP y algunas de sus gremiales a tal decisión; más aún cuando se sabe que el ungido es familiar muy cercano de otro funcionario involucrado en varias entidades que tienen que ser supervisadas por esa superintendencia.

Todo se origina en la decisión que tomó el expresidente Funes de dar al traste con el tripartismo codificado desde la creación de la OIT. Cambió casi una veintena de leyes de autónomas, para tener control sobre las mismas a través de directores serviles, violando su autonomía y pavimentando el camino para eludir el contrapeso y el escrutinio público. La integración del actual Consejo Nacional del Salario Mínimo es emblemática y al final, ello responde al objetivo del FMLN de tomar por asalto toda la institucionalidad del Estado. Al momento de escribir estas líneas circulaba la noticia que el nombramiento de marras se está reconsiderando. Pero los canales para seguir manoseando la institucionalidad siguen abiertos. Esto lo sugiere el papel que ha estado jugando un colegio de profesionales presidido por un burócrata gubernamental, que ha incidido para la designación de directores en el BCR y la SSF. Menos mal que todavía no han descabezado a la Sala de lo Constitucional.

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