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Actitudes dogmáticas

La polarización y retórica ideológica han estado presentes durante décadas en la vida de los salvadoreños y han hecho que muchos connacionales se ofendan y peleen entre sí.
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Hay varios factores que contribuyen a la predominancia de actitudes dogmáticas, entre los cuales se destacan los siguientes: (1) innumerables connacionales excluidos del sistema educativo y del mercado laboral; (2) incontables compatriotas afectados –directa o indirectamente– por las secuelas de la violencia política del siglo XX (represión, fraude, subversión y destierro); y (3) miles de coterráneos se aferran a la lucha de clases y maldicen el progreso y el éxito.

Si a este panorama se le suma la violencia delincuencial del siglo XXI y sus efectos psicosociales, aumenta la probabilidad de que surjan líderes negativos (de izquierdas y derechas). Es decir, este ambiente y la compleja crisis que vive el país favorecen la insensatez y el cortoplacismo, lo cual aumenta el riesgo de que tome impulso el populismo y se adopten decisiones que quebranten el sistema democrático de libertades.

Una de las mayores amenazas es que se gobierne con subjetivismo y se dejen a un lado las investigaciones científicas y la lectura objetiva de la realidad nacional. En otras palabras, El Salvador necesita que se gobierne con visión de país, responsabilidad y capacidad técnica-gerencial. Un primer paso en esa dirección es establecer prioridades nacionales y abrir las puertas al diálogo colaborativo. Consecuentemente y para evitar que el país caiga en la anarquía, a continuación se plantean tres medidas para sustituir las actitudes dogmáticas por actitudes tolerantes, democráticas y positivas.

Medida 1. Construir “puentes” en lugar de “muros”. La historia salvadoreña confirma los altos costos sociales (caídos, desaparecidos y emigrados) que tiene el uso de la violencia para alcanzar el poder público. En este sentido y dado que crece el número de conciudadanos que piensa que el país lleva un rumbo equivocado, es imperativo alcanzar un entendimiento básico entre gobernados y gobernantes para lograr la cohesión social y progresar.

Medida 2. Entender la realidad nacional y el contexto externo. Lo primero que se necesita es conocer la sociedad salvadoreña del siglo XXI. Tres hechos condicionan la vida nacional: (a) 63 % de los salvadoreños es menor de 30 años de edad, (b) 25 % de los salvadoreños vive en EUA, y (c) la política de seguridad estadounidense incluye la lucha contra el crimen organizado en el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras).

Medida 3. Potenciar la acción ciudadana y territorial. Los falsos líderes intentarán aprovecharse de la zozobra y precariedad de la población para lograr el poder público en 2018 y 2019. Por ello, activar la participación de los ciudadanos a nivel local (de Santa Ana a La Unión) es esencial para establecer prioridades, fijar metas comunes y aunar esfuerzos para alcanzarlas.

Conclusión: las actitudes dogmáticas le han hecho un gran daño a El Salvador. A tal grado ha llegado la retórica ideológica y el resentimiento social que varios dirigentes políticos rechazan la participación de los sectores productivo y académico en la conducción del país. Este prejuicio explica la limitada capacidad técnica-gerencial de los gobernantes y el estancamiento de la economía nacional. Conviene, entonces, construir una visión compartida de país y promover la cooperación pública-privada para cohesionar la sociedad salvadoreña.
 

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  • polarizacion
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