Activar de manera intensiva el crecimiento económico es sin duda la tarea más determinante para lograr que el país avance hacia el desarrollo

Hay que dejar de autoengañarse intencionalmente con imágenes maquilladas sobre lo que está pasando realmente en el ámbito económico nacional, como es la tendencia que prevalece en los círculos más altos del poder gubernamental: lo que habría que proponerse de manera franca y eficiente es crear condiciones para que haya seguridad y estabilidad orientadas hacia el progreso en todos los sentidos.
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Las cifras del crecimiento económico nacional son insuficientes y muy inquietantes desde hace ya mucho tiempo, y esto viene causando efectos negativos en prácticamente todos los órdenes de la realidad nacional. La competitividad está en relación directa con el empleo: cuando la competitividad no avanza como se requiere, el empleo se estanca y se va volviendo más precario. Los datos emanados en estos días de la Cámara de la Industria Textil, Confección y Zonas Francas de El Salvador son muy reveladores al respecto: en los primeros meses del año en curso las exportaciones del sector textil y de la confección han disminuido en más de 16 millones de dólares y unos 3 mil empleos se han perdido en ese sector durante el mismo período. Aunque las cifras pueden ser opinables según el ángulo desde el cual se vea el fenómeno, lo que no hay que perder de vista es la tendencia, que nos pone en creciente desventaja tanto nacional como regional, ya que en países vecinos como Guatemala y Nicaragua el crecimiento en esos rubros sigue al alza, poniendo en jaque nuestra sostenibilidad.

Nuestras condiciones competitivas son muy insatisfactorias en muchos sentidos. El Estado tendría que hacer un esfuerzo real y persistente para deshacerse de las trabas que hoy existen, por ejemplo en el caso de los trámites aduaneros que son una especie de calvario inútil, y para estimular inteligentemente en los hechos tanto la producción como la exportación. En otro aspecto muy determinante, habría que decidirse por fin a generarle estímulos a la inversión tanto interna como externa, lo cual implica soltar conceptos desfasados y potenciar incentivos que verdaderamente se conviertan en imanes del crecimiento. Como nos hemos ido quedando atrás en todas estas áreas, hoy demanda más empeño y efectividad el propósito de alcanzar a los vecinos que nos llevan delantera y recuperar al liderazgo que tuvimos en otras épocas.

Hay que dejar de autoengañarse intencionalmente con imágenes maquilladas sobre lo que está pasando realmente en el ámbito económico nacional, como es la tendencia que prevalece en los círculos más altos del poder gubernamental: lo que habría que proponerse de manera franca y eficiente es crear condiciones para que haya seguridad y estabilidad orientadas hacia el progreso en todos los sentidos. El aparato estatal tiene que ser revisado y redireccionado a fondo, los actores nacionales deben reciclar sus conductas para que la institucionalidad funcione de veras y la sociedad se mueva con energías positivas, y en el terreno social hay que desplegar oportunidades reales para que todos los salvadoreños sean capaces de autorrealizarse.

Recordemos que el desarrollo tiene siempre en su raíz el factor humano, y por eso nunca hay desarrollo real si las personas individuales se mantienen en situación precaria. Es por ello que los temas de las oportunidades y del empleo suficiente nunca dejan de estar en primera línea, por encima de los posicionamientos ideológicos o políticos. Esto hay que subrayarlo de tal manera que sea visible por su cuenta, para que nadie se pierda en los enfoques.

En este como en todos los otros ejercicios fundamentales para avanzar con claridad y sostenibilidad hacia el futuro nadie puede quedarse fuera del esfuerzo. Todos, independientemente de ubicaciones y de procedencias, estamos comprometidos con la competitividad, y eso reclama entendimientos constantes para allanar la ruta e ir respondiendo a los desafíos que se presenten en la misma.
 

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