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El período 2017-2019 será recordado por su activismo. ¿Será un activismo partidario, ciudadano o institucional?
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 Es difícil dar una respuesta concluyente, pero sí se puede advertir que será una disputa ruidosa en diferentes campos. El comportamiento de miles de compatriotas será variado y se expresará en diversas manifestaciones públicas y mediáticas, muchas de las cuales serán genuinas y otras serán manipuladas con fines partidarios.

El período 2017-2019 será recordado por las distintas y distantes lecturas de la realidad nacional; los efectos del ajuste fiscal en la economía familiar; los procesos judiciales en contra de funcionarios por corrupción; las crispadas elecciones municipales, legislativas, judiciales y presidenciales; los buenos oficios de la ONU para construir una agenda de país; y la consolidación de la “securocracia” (la seguridad pública legitimando al poder oficial, dominando el quehacer estatal y perpetuando las medidas excepcionales).

Este bosquejo del futuro inmediato permite plantear, entre otras cosas, que el activismo partidario será parte de las estratagemas electorales. El reto está, entonces, en que la sociedad civil redoble esfuerzos en (1) denunciar abusos, incompetencias y desaciertos de la administración pública, (2) fortalecer su capacidad de propuesta e incidencia en la política pública, y (3) colaborar en la construcción de mejores instituciones públicas.

2017-2019 se proyecta como un tiempo de propaganda y confrontación ideológica-partidaria, lo cual obstaculizará que se alcancen y cumplan entendimientos básicos (de allí la conveniencia de la cooperación de la comunidad internacional). Por ello y para lograr la gobernabilidad democrática, se presentan tres áreas de atención ciudadana para los próximos años.

Área 1. Analizar la realidad nacional. Este punto es clave porque los candidatos y partidos políticos se comunicarán interesadamente con los electores después de la próxima Semana Santa (fecha límite para lograr acuerdos mínimos en materia fiscal y punto de partida de las venideras campañas electorales). En este contexto y asumiendo que la polarización ha sido estimulada deliberadamente por el poder político, los gobernados (representados) tienen tres opciones: (i) dejar en manos de las cúpulas partidarias el control del aparato estatal y el destino del país; (ii) tomar el riesgo de emigrar, o (iii) hacerse escuchar constructivamente.

Área 2. Abonar el terreno de la democracia. Lo fundamental es que los conciudadanos aprendan a escuchar y aceptar a los demás (tolerancia). Este valor cívico debería ser promovido con fervor por organizaciones sociales, el círculo académico y los medios de comunicación. De hacerlo, se estaría propiciando el diálogo colaborativo y la cohesión social.

Área 3. Establecer prioridades nacionales. Esta tarea es crucial porque las finanzas públicas están desequilibradas y el inapropiado clima de inversiones frena el crecimiento económico. Es hora, entonces, que los salvadoreños refuten las falsas promesas (demagogia). De hacerlo, se debilitaría el activismo partidario y aquellos que pretenden profundizar las crisis para nutrirse de ellas, y se crearían las condiciones para abordar responsablemente los problemas estructurales (pobreza, educación de baja calidad, aplicación de la ley, centralismo y desempleo).

Conclusión: 2017-2019 será un período decisivo para la viabilidad del país. La clave está en que la ciudadanía tenga la sabiduría y el coraje para neutralizar el activismo partidario. El Salvador saldrá adelante en la medida que los gobernados alcen su voz constructivamente, rechacen el populismo (de derechas e izquierdas) y sean parte de las soluciones.

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