Actuaciones ejemplares

Pasé mucho tiempo de los últimos días de 2012, meditando sobre lo que nos podría deparar el 2013, sabiendo que esos cortes temporales tienen más de simbólico, que de un estímulo real para enmendar errores o romper una rutina, debido a las actitudes y comportamientos mezquinos, principalmente de nuestros dirigentes.
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Había tenido días antes la oportunidad de intercambiar opiniones con mi buen amigo Héctor Dada en un programa de televisión pregrabado, quien agregó su experiencia en su paso como ministro de Economía, a las coincidencias que hemos compartido por muchos años, sobre lo que puede llegar a ser El Salvador si empezáramos a trabajar con visión compartida bajo un liderazgo respetado y respetable.

En mis cavilaciones no pude obviar el mensaje de Ángela Merkel, la austera y valiente canciller alemana, advirtiéndoles a sus compatriotas lo duro que será para ellos 2013. Tampoco pude pasar por alto el desafío que un angustiado presidente del Gobierno español –Mariano Rajoy– les planteó a sus coterráneos, pidiéndoles paciencia, porque según él los resultados positivos de su draconiano plan de ajuste solo se empezarán a sentir en el segundo semestre del año. Obviamente, tampoco pude evitar pensar en el riesgo de que Estados Unidos cayera en el “abismo fiscal”, sin ignorar las dificultades de su presidente para convencer a sus adversarios políticos sobre las consecuencias de no actuar responsablemente en torno a un problema de incalculables consecuencias para su país y el resto del mundo.

¿Qué tienen de común estos tres países en la actual coyuntura? La franqueza de sus gobernantes al reconocer sin ambages los problemas que los afectan, pero por sobre todo, el manejo sensato y de altura con que han tratado de conseguir el apoyo de la oposición, aunque dos de ellos han tenido que lidiar con una enorme carga heredada, como hasta cierto punto es el caso nuestro.

A la canciller alemana, cuyo país ha asumido con gran responsabilidad la crisis de la zona del euro, le ha tocado soportar los embates de la oposición obviamente con grandes costos políticos por no claudicar en su empeño de cumplir el sueño de Schuman y Monnet de una Europa unida. Igualmente el presidente Obama ha tenido que luchar a brazo partido para contrarrestar al segmento más conservador de los Republicanos, aunque el acuerdo al que llegaron ambas cámaras la semana pasada todavía no resuelve el problema fiscal, porque la otra cara de la medalla, el gasto, aún no está definida.

En el fondo, el desequilibrio de las finanzas públicas es también el denominador común en esos tres países, aunque en Alemania la situación fiscal se mantiene dentro de límites tolerables; lo que contrasta con el resto de sus socios, donde los Gobiernos han actuado irresponsablemente, para terminar pasándole la factura no solo a sus propios ciudadanos, sino también a los de otros países. El lento crecimiento que ha corrido en paralelo a cuantiosos déficits que han elevado la deuda pública a niveles estratosféricos son un reflejo claro de esa irresponsabilidad. Guardando las diferencias, El Salvador atraviesa por los mismos problemas, con el agravante de que a nosotros se nos hace cuesta arriba enfrentar la realidad, por el comportamiento torcido de la clase política. El daño causado al país se ve claramente reflejado en la percepción que tienen las calificadoras de riesgo sobre la sanidad fiscal.

Dudo mucho que nuestros dirigentes, acostumbrados como están a tomar todas las cosas a la ligera y siempre pensando en sus propios intereses, se hayan dado el tiempo para meditar seriamente sobre el futuro que nos espera si no damos un giro de 180 grados.

Sin embargo, el mensaje navideño del presidente Funes me dejó con cierto optimismo, especialmente con aquella frase en la que promete “no defraudar a los salvadoreños en lo que resta de su mandato”. Por de pronto, es con lo poco con que contamos para esperar un año más promisorio. Ojalá que el mandatario cumpla, pues el país así lo demanda.

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