Adiós querido, admirado Abraham

Abraham Rodríguez, uno de los compatriotas demócratas-progresistas más importantes de El Salvador.
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Destacado abogado integral destacándose en la rama constitucional, fundador del Grupo Sigma y director de varias empresas, fundador del Partido Demócrata Cristiano y su primer candidato a la presidencia, primer designado a la Presidencia de la República, miembro de la Comisión Ad-hoc en la negociación de la paz, diputado y presidente de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales, miembro de la Comisión Consultiva de Asuntos Limítrofes de la Cancillería, presidente de la Asociación de Amigos de Israel, miembro del Senado Consultivo de la UTEC, hijo meritísimo de El Salvador, esposo, padre, abuelo y entrañable amigo de tantos. Eso y más fue Abraham.

Comenzando mi adolescencia, sobre Abraham escuché el primer eslogan de una campaña política: “Un gobierno progresista y decente con Abraham de Presidente” siendo el primer candidato a la Presidencia de la República del Partido Demócrata Cristiano en las elecciones de 1967 que fundó con Napoleón Duarte. Su mejor amigo en la vida, la oposición y el gobierno, fue su primer designado a la Presidencia, lo acompañó al primer diálogo de paz con el FMLN en La Palma, Chalatenango (1984), y encabezó la negociación por la liberación de su hija Inés Guadalupe secuestrada por el Partido Comunista cuando arreciaba la guerra.

Hombre de principios y de palabra, valiente como pocos, integró con Reynaldo Galindo Pohl y Eduardo Molina Olivares la Comisión Ad-Hoc encargada de la depuración de los altos oficiales de la Fuerza Armada en un momento decisivo de la negociación. Fue Abraham quien llamó al poderoso ministro de Defensa y líder de “La Tandona”, general René Emilio Ponce, para invitarlo a su casa a conversar. Allí, en persona, le dio la noticia que él encabezaba la lista de los oficiales que serían depurados de la Fuerza Armada.

Conoció a los líderes demócrata cristianos más importantes de Latinoamérica y del mundo –Frei, Caldera, Herrera Campins, Andreotti, Adenauer, Kohl– y muchos otros de diferente orientación político-ideológica como Shimon Peres. Le dolieron las divisiones y rupturas del partido que fundó, expresando que el origen último de su deplorable situación fue la salida del grupo de jóvenes políticos e intelectuales que en el primer trimestre de 1980 salieron de la democracia cristiana, subrayando el cambio generacional que se perdió.

De memoria y precisión prodigiosas, estudioso del derecho, la economía, la política y el poder, su conceptualización y narrativa no era precisamente de un intelectual. Era breve, puntual, conciso, iba al grano, apuntando y dirigiéndose a la esencia, a lo más relevante de diversos acontecimientos. De los Acuerdos de Paz decía que su logro principal fue que los militares se sometieron al poder civil electo democráticamente. Y no decía mucho más, y así sobre los diferentes hechos y problemas que analizaba y les encontraba soluciones viables. Hombre de grandes principios y de gran sentido práctico a la vez.

Respaldó la candidatura de Mauricio Funes por el FMLN porque estaba convencido de que cerraría el necesario ciclo de la alternancia en democracia., decepcionándose progresiva y profundamente de su desempeño. Amigo de Schafik Handal desde que ambos eran estudiantes universitarios, y tanto o más cuando el PDC el MNR y la UDN integraron la Unión Nacional Opositora en la década del setenta. El desempeño del régimen chavista en la Venezuela que tanto conoció y los intentos de asalto del FMLN a la Sala de lo Constitucional lo llevaron en sus últimos años a volver a militar en la defensa de la democracia y la institucionalidad.

Tuve el privilegio de ser su amigo y de compartir una vez por mes durante casi dos décadas la reunión-almuerzo de los miembros del Senado Consultivo de la Universidad Tecnológica (UTEC) presidido por su líder histórico y actual presidente, Mauricio Loucel. Abraham fue de los primeros invitados a integrar dicha instancia consultiva donde con un espíritu respetuoso y plural discutimos de los acontecimientos más importantes de la universidad, del país y del mundo. Los aportes de Abraham siempre fueron de gran relevancia y actualidad. Es el tercero que nos deja después de dos recordados y apreciados compañeros senadores, Jorge Zedán y Mario Andino.

Después de una prolongada y grave crisis de salud, se levantó y volvió en algunas ocasiones a nuestra reunión mensual, en silla de ruedas y más frágil, pero con la inteligencia y la distinción de siempre. Amigo fiel, lo vi en varias ocasiones en el velorio y entierros de tantos de sus amigos que en su octava década les llega la hora de partir. En el último velorio para despedir a un querido amigo común, conversamos largamente sobre el finado, pero también sobre la compleja situación del país.

Fue respetado, admirado, escuchado, consultado por nacionales y extranjeros, por empresarios y trabajadores, por profesionales e intelectuales, por la izquierda, la derecha y el centro, por jóvenes y viejos.

Terminando tu octava década te nos fuiste, Abraham, pero dejándole tanto a tu país, a tu familia y a tus amigos. Adiós querido, admirado Abraham, somos muchos los que celebramos tu vida y muchos los que te recordaremos siempre.

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