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Adquiriendo protagonismo frente a una realidad olvidada

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Por Eduardo H. Loyola Coautor de El País que Viene

Soy un joven salvadoreño de 33 años de edad, que no he sido ajeno a la realidad y antecedentes de nuestro país. Provengo de una familia donde el amor, la unión, la fe y el respeto han sido y serán por siempre los pilares, anhelo con el que sueño que nuestra niñez y nuevas generaciones vivan, aunque parezca una utopía. Los jóvenes están creciendo sin darle importancia a su futuro, sin conciencia sobre valores que deben guiar su vida, sin escuchar las palabras sabias de aquellos que con sus propias experiencias nos alientan a recuperar el espíritu de humanidad.

Sin lugar a dudas creo que el mayor reto que tenemos es lograr la unidad para lograr un país con un horizonte común y de objetivos compartidos, un El Salvador más armonioso con una sociedad sensible a las realidades de los demás.

Para poder revertir los altos índices de exclusión que existen por parte de nuestra sociedad y Gobierno, debemos fortalecer tres puntos fundamentales de nuestro sistema democrático.

El primero es que, como sociedad, se debe de propiciar un diálogo empático con aquellos actores tradicionalmente vistos como amenazas para poder entender sus orígenes, carencias y sueños, de la mano también de aquellas personas e instituciones que conocemos la problemática y que aun con nuestras limitantes la abordamos día a día. Es a través de este diálogo, que, como país, podremos dar un paso inicial al reconocimiento y legitimización de nuestras poblaciones olvidadas.

Como segundo punto, los ciudadanos debemos de asegurarnos de que todos los miembros de la sociedad, sean estos la minoría o mayoría, estén representados de forma igualitaria en nuestro Gobierno. Esto es especialmente importante en la rama legislativa donde se ha conocido de pocos esfuerzos para formular propuestas de legislación que brinden soluciones integrales para nuestras poblaciones marginadas, entre ellas los enfermos adictos.

Como tercer punto, el Gobierno de El Salvador es experto en reaccionar ante cualquier situación que el país o hecho lo amerite, pero ciertamente el Estado nunca ha apostado en la prevención como modelo integral de la Política Pública, incluidas las adicciones; este es un punto importante ya que si hubiera una política generalizada sobre la prevención, ciertamente fuera menor el número de adictos que existieran en el país y, por lo tanto, hubiera una disminución sustancial de poblaciones marginadas, índices de violencia y criminalidad asociada, como lo son en este caso los adictos.

Exhorto a todas aquellas entidades e instituciones, tanto públicas como privadas, y personas que en su individualidad están revestidas con el carisma del liderazgo y que tenemos la capacidad de generar una influencia social positiva, a que nos unamos y abracemos juntos los valores como la opción por la vida como una invitación a transformar las tendencias destructivas de la subcultura de las dependencias por un encuentro constructivo y creativo consigo mismo y con el otro.

Motivo, por último, a participar de este gran proceso de construcción del positivismo y de la solidaridad, que a largo plazo sería muy gratificante. Invito a toda la sociedad y el Estado a que nos comprometamos con sonrisas, no con señalamientos, estigmas, juicios, penas y cárceles; sino a que demos todo con amor a aquellos que lo necesitan.

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