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Agenda de Nación

Las decisiones de los dirigentes políticos y económicos han propiciado que El Salvador enfrente una espiral de violencia delincuencial, mantenga un bajo nivel de inversión, se aproxime a la insostenibilidad fiscal y sea un territorio expulsor de población (3 de cada 10 compatriotas viven en el exterior). Estas señales aconsejan prestarle atención a la reciente propuesta del presidente de la República de construir una Agenda de Nación de cara al 25.º aniversario de los Acuerdos de Paz (1992-2017).
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Tres hechos ayudan a entender la realidad nacional: (1) la familia y sociedad salvadoreña se han transformado de 1992 a la fecha, (2) El Salvador tiene escasos recursos y múltiples problemas, lo cual obliga a establecer prioridades, y (3) la lucha partidaria por el control del aparato estatal hace que el país gire alrededor del calendario electoral. En este contexto, a continuación se plantean cinco elementos básicos para edificar una Agenda de Nación que sea viable, consistente y conveniente.

Elemento 1. La participación de los partidos políticos es esencial, pero insuficiente. La clave está en disponer de una adecuada metodología para elaborar una Agenda de Nación. Las preguntas son: ¿Quién, cómo y cuándo se fijan las prioridades, y cómo se financian? La dificultad de los gobiernos de turno de responder colegiadamente estas preguntas corrobora la preeminencia del centralismo y el cortoplacismo.

Elemento 2. El diálogo entre los poderes político y económico es plausible, pero limitado. Prueba de ello es que la corriente neoliberal (idolatría al mercado) y la neoestatista (culto al gobierno) han sido inefectivas en abordar las causas determinantes de la violencia delincuencial y masiva emigración. Consecuentemente, el Estado, la sociedad civil y el mercado deberían convertir la lucha contra la corrupción, desigualdad, impunidad y criminalidad en un objetivo común.

Elemento 3. Sin la efectiva participación de la llamada “clase media” es inviable la pretensión de implementar una Agenda de Nación. Por ello y ante la falta de un liderazgo democrático, la capacidad técnica y la voz de la “clase media” podrían ser la clave del éxito. Es hora, entonces, que la sociedad civil y el círculo académico sumen esfuerzos, mejoren sus propuestas y favorezcan la cohesión social.

Elemento 4. Las cúpulas partidarias no tienen la credibilidad requerida para liderar este proceso. Sin embargo, esta sería una oportunidad histórica para que los gobernantes se acerquen a los gobernados. En este sentido, los tomadores de decisión podrían depositar la elaboración y el monitoreo de la Agenda de Nación en manos de la sociedad civil.

Elemento 5. Una opción sería que los órganos Ejecutivo y Legislativo crearan un Grupo Gestor para elaborarla y monitorearla (con autonomía operativa y habilitado para recibir apoyo de la comunidad internacional), y que sus miembros fueran designados a criterio y propuesta de los rectores de cinco universidades de prestigio. Por su parte, las organizaciones sociales deberían esforzarse por (1) establecer objetivos comunes y (2) neutralizar la injerencia partidaria.

Conclusión: la metodología para elaborar y monitorear una Agenda de Nación debería destacar la participación de los actores públicos, sociales y productivos en los catorce departamentos. De ser así, este proceso incluiría a la sociedad civil en la construcción de un mejor país, lo cual es vital para balancear el poder y sacar adelante a El Salvador.

Tags:

  • delincuencia
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  • insostenibilidad fiscal
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