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Agonía del chavismo

Ante el hambre, inseguridad y miseria que vive el pueblo de Venezuela, por la incompetencia de Nicolás Maduro, las protestas se convierten en un acto de rebelión legítimo que buscan restablecer el orden constitucional transgredido por el chavismo y su grupo de amanuenses que tienen secuestrados los sueños y las libertades del pueblo venezolano que lo único que quieren es un mejor futuro.
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Dicho de otra manera, cuando los gobernantes no son capaces de crear las condiciones necesarias para producir las riquezas suficientes a partir de la inventiva y la creatividad que aseguren la igualdad de oportunidades para todos sus habitantes de tal forma que puedan tener una vida digna, hasta entonces dictadores cono Nicolás Maduro no podrán tener el respeto de la ciudadanía jamás.

Pero cuando a un pueblo sufrido como Venezuela le falta lo más básico para su sobrevivencia, como frijoles, huevos, arroz, carne, pollo, papel higiénico, pasta de dientes y jabón, el marchar y protestar en las calles para reclamar su derecho jamás se puede ver como un acto de sedición ni injerencia, sino como la expresión soberana del pueblo clamando por un cambio de rumbo que asegure con nuevos gobernantes un mejor futuro para los hijos de Venezuela.

Así que la libre expresión del pueblo y el manifestarse públicamente es un derecho fundamental que le asiste al pueblo venezolano, ya que está consagrado en los artículos 57 al 59 de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por lo tanto, la represión por parte de Maduro constituye un acto de cobardía y de temor de perder el poder al oponerse a convocar elecciones libres en Venezuela.

En consecuencia, el principal problema que viven millones de venezolanos es el económico de proporciones incalculables. No obstante, todo ello ha sido provocado por la ineficiencia del Estado chavista en el manejo de los recursos, los despilfarros, los salarios elevadísimos de funcionarios, regalías de las riquezas petroleras a los partidos políticos de Latinoamérica y otros afines al socialismo del siglo XXI. A cambio de alinearse con el proyecto socialista y votar a favor de Nicolás Maduro ante la ONU, OEA y otros organismos, tal como ha quedado comprobado en la reciente votación en el OEA.

Así mismo la expropiación que ejecutó Hugo Chávez de las principales sociedades mercantiles que abastecían de forma eficiente alimentos, bienes y servicios de consumo diario. Provocó escasez, y es de aclarar que el Estado es incapaz de poder ofrecer estos productos al mercado con la misma rapidez y eficiencia que lo hace la empresa privada. De modo que todo ello trajo consigo una inflación descomunal que redujo el poder adquisitivo de los venezolanos, para el año 2015 un dólar era equivalente a 175 bolívares. Ahora, un dólar representa 900 bolívares.

Sin embargo, lo que tiene a Venezuela en crisis no es tanto la falta de desempleo, sino la intolerancia y la represión a las libertades y democracia de cada venezolano por parte del gobierno chavista. Por lo tanto, las protestas del pueblo se vuelven legítimas cuando devienen del hambre y de una dictadura que solo busca sus propios intereses.

En suma, Nicolás Maduro ha convertido a Venezuela en una finca donde dicta las leyes a su arbitrio y confecciona a su medida funcionarios cuya característica es que no tengan criterio ni designio propio. Todo ello le ha permitido concentrar el poder en el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, que se han prestado para violar de forma reiterada la Constitución y quitarle todas las atribuciones a la Asamblea Nacional. De modo que los días de Maduro están contados.
 

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