Ahora las fuerzas políticas tienen que prepararse para actuar en serio

Hoy, tanto los partidos como los funcionarios electos se ven cada vez más compelidos a actuar sin demora y en forma eficiente para responder a las demandas y reclamos crecientes de una ciudadanía mucho más posesionada de su rol y de las responsabilidades del mismo.
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Una vez establecidos definitivamente los resultados de la elección legislativa y municipal que tuvo lugar ayer domingo en el país, tendrá que haber un inmediato ejercicio de análisis de dichos resultados, no sólo en función de las expectativas de cada una de las fuerzas participantes, sino también, y de modo muy especial, de las formas concretas y realistas en que los resultados aludidos pueden volverse funcionales una vez que se inicien las respectivas gestiones. No habría que perder de vista en ningún instante que lo que el país necesita y la sociedad espera es que se pase cuanto antes a un mejor manejo de la gobernabilidad, que viene sufriendo distorsiones acumuladas que provocan trastornos crecientes.

En esta oportunidad, luego de las elecciones ya definidas en las urnas, no vendrá un período de reposo electoral, sino todo lo contrario: de inmediato entraremos con todo en la campaña presidencial, comenzando por la escogencia formal de los candidatos respectivos. Y lo que se está viendo al respecto es un forcejeo interno en los partidos, sobre todo en los dos más grandes. También hay anuncios de formación de nuevas organizaciones partidarias, con perspectivas indefinibles, y esto viene a complicar más lo que pasa en un escenario ya bastante complejo, y en muchos sentidos sin precedentes.

Estamos, entonces, ante una prueba de efectividad institucional en todos los órdenes, lo cual pone fuerte presión sobre los diversos actores nacionales, y muy particularmente sobre los actores políticos, que ya no cuentan ni de lejos con los recursos de invulnerabilidad que estuvieron presentes por tanto tiempo. Hoy, tanto los partidos como los funcionarios electos se ven cada vez más compelidos a actuar sin demora y en forma eficiente para responder a las demandas y reclamos crecientes de una ciudadanía mucho más posesionada de su rol y de las responsabilidades del mismo.

A los retos que, para el caso, se le irán presentando a la nueva legislatura en los meses siguientes, como serán las elecciones de segundo grado para llenar cargos de primer nivel sobre todo en los ámbitos de la persecución del delito, del control de la probidad y del aseguramiento pleno del imperio de la ley, hay que agregar el imperativo de ganar credibilidad y de producir certidumbre en todos los ámbitos y niveles de la vida institucional, desde los planos locales hasta las alturas de la conducción política y la gestión pública. Lo que subrayamos, pues, es que lo que viene es mucho más demandante que un mero desempeño de funciones corrientes.

De cara al futuro inmediato, los salvadoreños estamos obligados a reconocer nuestra problemática desde sus trasfondos y a propiciar respuestas válidas para avanzar hacia las soluciones pertinentes. En esto no se puede perder ni un solo día más, porque las complicaciones que ya existen seguirían derivando en nudos ciegos. La ingobernabilidad y la inviabilidad están al acecho.

Hagamos que las elecciones, en todas sus formas, se vuelvan palancas de gobernabilidad y de viabilidad. El país entero debe moverse en la mejor ruta posible, sin ninguna opción alternativa.

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