Lo más visto

¿Aires refrescantes?

Cuando aparezca esta columna, los salvadoreños aptos para ejercer el sufragio ya habremos dado nuestro veredicto en una elección que, si bien no fue para la primera magistratura, nos abrió el camino para redefinir nuestro futuro político. Este no puede ser otro que el que nos lleva a la consolidación de la democracia, la paz, la libertad y el progreso con equidad. Así parecía entenderlo la mayoría.

Enlace copiado
Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

De hecho, las encuestas le daban una importante ventaja al principal partido opositor sobre el FMLN, aunque esto no lo garantiza todo. Pero la derecha sensata, progresista y unida, al superar holgadamente el número mágico de 28 diputados y con un aumento de su presencia en los concejos municipales, sí haría la diferencia. Naturalmente, esos ejercicios podían –más allá de sus márgenes de error– distanciarse de los resultados reales, por las distorsiones que puede provocar la presencia de actores externos. Esto sucedió en Estados Unidos en las últimas elecciones presidenciales, a pesar de la utilización de tecnologías predictivas y sistemas informáticos sofisticados. Claro, en este caso, no estamos hablando de la participación de pandillas y del crimen organizado.

Las irregularidades previas a la elección no pueden ser ignoradas, pero confiamos en que con los resultados, el TSE retome su credibilidad actuando con rapidez, diligencia y transparencia; todo conforme a la autoridad, las atribuciones y responsabilidades que le asignan la Carta Magna, el Código Electoral y las directivas emanadas especialmente de la Sala de lo Constitucional. Sería desastroso que se replique la experiencia de 2015. En esa ocasión, se extendió la versión de que se había producido un fraude, algo que también, infortunadamente, alarmó a la ciudadanía en las elecciones presidenciales de 2014. Consecuentemente, garantizar la legitimidad de los resultados es el mayor desafío del ente colegiado, sin olvidar la experiencia reciente de Honduras.

Pero la tarea se antoja más compleja, por los “ruidos” que se escucharon durante todo el proceso preelectoral y, particularmente, por la prepotencia y las malcriadezas de los dirigentes del partido en el poder. Para caso, el máximo dirigente del FMLN amenazó con mentarle la madre a la Sala si bloqueaban su candidatura, lo cual, para el ciudadano común, es irrelevante; mas no el ardid utilizado para defender sus pretensiones. Además, aseveró que el triunfo estaba seguro porque el partido continuaba creciendo en el favor del electorado, a contrapelo de lo que señalaban las encuestas. En otra ocasión, dijo que si su partido perdía, podían retomar las armas. Pero este señor también parece ser un experto para disfrazarse. Cuatro días antes de los comicios, se deshizo en alabanzas sobre cómo Ortega conduce Nicaragua, advirtiendo que su partido seguiría ese modelo, principalmente en lo atinente al manejo económico. Podemos entonces inferir que cree en las “democraturas”.

Sin embargo, con la desastrosa gestión del partido durante casi dos quinquenios y los bandazos de sus principales dirigentes, muchos avizoran un giro político muy importante, de cara a las elecciones de segundo grado que se avecinan –principalmente la de la SC– y a la presidencial. Por eso, enarbolemos con fuerza y sin temor la bandera azul y blanco.

PD. Presidente del TSE: usted y su partido han violado la Constitución, pero no les permitiremos que atropellen nuestras libertades.

Lee también

Comentarios