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Ajuste y crecimiento, ese es el dilema

Mientras no haya ajuste económico, tampoco habrá más crecimiento, tal como lo hemos venido experimentando durante la última década.
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Licenciado en Economía con Máster en Finanzas ¿Las economías se desaceleran frente a un ajuste fiscal? ¿A cuánto asciende su efecto en disminuir la demanda? ¿Podrían las interrelaciones de las variables macroeconómicas conducir a una mejora del crecimiento después del ajuste? Son estas interrogantes a las que nos enfrentamos los economistas en torno del debate sobre la situación fiscal, cuando la economía está tan necesitada de más crecimiento.

Las primeras respuestas las obtenemos en los modelos más básicos, de una economía abierta, categorizados como IS-LM, que muestran que los efectos del ajuste fiscal no son estáticos, más bien la economía muestra reacomodos, pasando de un nivel de tasa de interés más alto a uno más bajo.

La práctica muestra que la respuesta no es única. Por ejemplo, en relación con el PIB en 2013, la República Dominicana crecía a 3 % y tenía un déficit fiscal de 6 %; pero a 2014, después de que el déficit bajó hasta 3 %, el crecimiento se elevó hasta 7 %. También en Honduras, después de experimentar un crecimiento de 3 % con un déficit que alcanzó el 7 %, en 2013, llevó a cabo un ajuste fiscal, reduciendo su déficit a un 3 %, pero el crecimiento no disminuyó, sino que se aproximó a 4 % en 2015.

Con respecto al caso de El Salvador existen estudios que exploran el tema. Como describe el documento “The Economic Effects of Fiscal Consolidation with Debt Feedback”, Estevao y Samake (2013), una disminución del gasto corriente, no de capital, tiene un efecto negativo sobre el crecimiento de -0.04 pero se torna positivo en el mediano plazo. Citando ese trabajo, el artículo IV del FMI de enero de 2015 indicaba que “es probable que el ajuste fiscal propuesto tenga un efecto negativo sobre el crecimiento, el crecimiento bajaría a un 1.5 % en el corto plazo; sin embargo, con el beneficio de las reformas de oferta y la reducción de las vulnerabilidades fiscales y externas, este podría acelerarse a un 3 % en 2018-2019”.

Al respecto, otro trabajo que escribí, titulado “Una visión más amplia para comprender los efectos del ajuste fiscal sobre el crecimiento económico en El Salvador” , da cuenta de cómo la teoría macroeconómica sí tiene una aplicación en lo que se observa. Un ascenso sostenido en el déficit fiscal eleva la tasa de interés, y como reflejo de la elevada incertidumbre, también mina la inversión, el consumo y finalmente el crecimiento. Asimismo, un ascenso del déficit fiscal favorece la apreciación del tipo de cambio real interno, a favor de bienes no transables, auspiciando menores inversiones para la exportación. En el corto plazo, de manera parcial pero incorporando la tasa de interés y el tipo de cambio real, el ajuste tiene un efecto de disminución en el crecimiento, pero al capturar el resto de efectos, revirtiendo los citados en el mediano plazo, un descenso de la tasa de interés y una depreciación real, favorece un escenario donde el crecimiento retornaría.

Este panorama apunta a que las finanzas públicas son una piedra grande en el zapato, y que el dilema sobre el ajuste y crecimiento es trascendente donde quizá mientras no hay ajuste tampoco habrá más crecimiento, tal como lo hemos venido experimentando durante la última década.

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(1) Serie de investigación 1-2017, Departamento de Estudios Económicos de FUSADES, agosto de 2017.

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