Lo más visto

Más de Opinión

Al “Señor Presidente”

Armando Calderón Sol ha sido, para mí, el mejor presidente de las últimas tres décadas. Nunca he tenido militancia partidaria, pero por esas circunstancias de la vida, pude tratarlo desde la trinchera de la empresa privada. Mentiría si dijera que las posiciones institucionales fueron siempre coincidentes con las de él.

Enlace copiado
Enlace copiado

Lo dije muchas veces públicamente cuando concluyó el ciclo de ARENA. Y hoy, con su partida, lo digo con mayor convicción: Armando Calderón Sol ha sido, para mí, el mejor presidente de las últimas tres décadas. Nunca he tenido militancia partidaria, pero por esas circunstancias de la vida, pude tratarlo desde la trinchera de la empresa privada.

Mentiría si dijera que las posiciones institucionales fueron siempre coincidentes con las de él. Pero como una persona comprensiva, humilde, gentil y buen estadista, siempre estuvo abierto a escucharnos y a conciliar, sin que ello significara doblegarse ante las presiones. Cuando se exaltaba más allá de lo que esperábamos, no tenía reparos en disculparse personalmente o a través de su mano derecha: Benjamín Cestoni.

Durante su mandato solo hubo un caso fuera de lo normal. Este ocurrió, cuando en 1995, intentó dolarizar la economía, instaurar un arancel cero y aumentar el IVA. Para discutir el tema, recibió en la residencia presidencial al Comité Ejecutivo de la ANEP. Su rostro parecía marcado por el desaliento que le causaba el hecho que no lo apoyaran aquellos a quienes consideraba sus amigos. No hubo concesiones, pero la reunión concluyó con un esperanzador apretón de manos.

Los medios se enteraron de ese episodio catalogándolo como un distanciamiento entre un gobierno de derecha y la empresa privada. Pero este adquirió otras connotaciones cuando trascendió que la gremial había unido fuerzas con la oposición para rechazar medidas que, a su juicio, podían hacer caer al país en una fase de lento crecimiento. Indudablemente el mensaje fue procesado y al final solo se aprobó el aumento del impuesto, lo cual se contribuyó a reparar el desastre que dejó el conflicto. A estos incidentes se refiere el doctor Calderón Sol cuando en sus memorias recuerda que no siempre la empresa privada estuvo de su lado.

Aquello llamó la atención de LPG y para discernir sobre sus potenciales implicaciones invitó a un grupo de amigos que eventualmente escribíamos en el periódico. Así surgió la idea de empezar a enarbolar la bandera azul y blanco para que ondeara alrededor de un “pacto de nación”. Ese es el origen de las columnas que aparecen todos los días en este rotativo. La ANEP retomó esta iniciativa en “El Manifiesto Salvadoreño” (1996), que fue seguido de la propuesta de “agenda nacional”, pero esta se abandonó cuando el presidente, con su visión, creó la CND.

En encuentros ocasionales, él me recordaba cómo algunas de mis columnas lo sacaban de juicio. Pero con su humildad, también aceptaba que las posiciones institucionales fueron importantes para no incurrir en errores políticos que sus principales colaboradores no alcanzaban a comprender. Descanse en paz, amigo Presidente. (Octubre de 2017).

Lee también

Comentarios