“Al bien hacer jamás le falta premio”

Frase citada por Miguel de Cervantes Saavedra, poeta de tradicional lectura, simplifica la forma de cómo elegimos vivir a lo largo de nuestra existencia. Considerando que la vida de una persona tiene relación con otras, y, que depende del nivel de relaciones que alcanza, así será su estilo de vida, es decisión propia ver los avatares del existir con optimismo o pesimismo. En manos de cada uno está decidir la manera de ver el mundo.

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Joaquín Rivas Boschma / Gerente de Comunicaciones, Banco Agrícola

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Interpretando la frase de Cervantes, aquella persona que siempre ayuda a otro, se interesa por él o ella auténtica y constantemente y procura hacer el bien, obtiene una recompensa, bien sea una sonrisa, un apretón de manos o un gesto de agradecimiento. El simple hecho de enfrentar la vida con actitud optimista, esperanza y perseverancia es un cambio sustancial que mejora a la persona y su relación con los demás. Cada uno de nosotros debe confiar, tanto en sus capacidades como en sus competencias, para sortear las adversidades, apostar por progresar, y elegir el bienestar propio y de otros, como modelo de vida.

El optimista vive plenamente identificado de vivir con propósito y se rodea de personas que también así lo hacen; de esta forma cada quien consigue definir una serie de planes, programas y sus acciones para lograr cumplir con ese propósito. Es lo que los mueve a levantarse cada día y dar lo mejor de sí mismos. Si se hace el bien, y se vive con optimismo se ve lo que se tiene por delante y las expectativas hacia el futuro serán mejores. Es cuestión de actitud y de tener fuerza de voluntad para conseguir alcanzar los objetivos y obtener resultados positivos.

Es necesario enfocarse en las metas por lograr y planificar una estrategia para cumplirlas; es decir, que el vivir con optimismo no es producto de soñar despierto sino de tener control sobre las acciones, para cumplirlas. Si la persona cree que gobierna sus propias decisiones tiene la capacidad de transformar sus sueños en desafíos y tiene la confianza para superar las barreras u obstáculos que se interpongan en su camino.

El hacer el bien acompañándole de una buena dosis de optimismo facilita el análisis constructivo, la crítica favorable, fortalece la esperanza en el mañana, refuerza la capacidad de adaptarse a diferentes situaciones y tener mayor resistencia ante los fracasos.

Si se practica el hacer el bien se debe ser sensato de la realidad e imaginar y soñar cosas más grandes, llegar cada vez más lejos y optar por vivir en un mundo mejor. Plantearse una estrategia es necesario, al igual que la determinación, perseverancia, persistencia y la tenacidad para lograr cumplir con las metas.

Debe tomarse el foco de los problemas desde el punto de vista de plantear las posibles vías de solución, para aportar en transformar dichas adversidades en verdaderas oportunidades. De la misma manera, cada quien debe aprender de los errores y redefinirse a sí mismo, para darse la oportunidad de cambiar sus prácticas de vida y enrumbarlas hacia su mejora personal y crecimiento.

Estando cerca de la Navidad, y de estrenar un nuevo año, es un buen momento de reflexionar en hacer el bien y vivir con optimismo. Hagamos la prueba.

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