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Al deportista, al amigo, hasta siempre

Cuando un amigo muere la sensación que queda es la del vacío profundo. Es sentir que no le dijimos suficientes veces cuánto lo queríamos, que no compartimos suficiente tiempo con él y no respondimos a tiempo su petición de reencontrarnos pronto para recordar viejos pero buenos tiempos.
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Al deportista, al amigo, hasta siempre

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<p>Es lamentarse.</p><p>A Carlos Leiva lo conocí hace ya más de 10 años, cuando deambulábamos –él con más éxito que yo– por los pasillos de la federación de voleibol y sus canchas. Estaba siempre sonriendo y también comiendo. Así lo recuerdo.</p><p>Establecimos una amistad muy cercana que duró varios años hasta que el trabajo, las responsabilidades, las familias y las nuevas etapas nos alejaron físicamente. Hace dos meses posteó en mi Facebook una pequeña nota que alguna vez le entregué para darle ánimo. La encontró y quería agradecerme por aquel antiguo detalle. “Todo pasa por algo”, le escribí entonces. Y ayer que supe de su repentina y dolorosa muerta lo releí intentando encontrarle sentido para mí misma.</p><p>Entonces me acordé de sus luchas, de sus éxitos de su pasión por el voleibol y del esfuerzo diario que le imprimía a su idea de ser un mejor deportista cada día. No podría explicarles la pasión que él sentía por el deporte y todo lo que hizo por sobresalir aun sin todo el apoyo que un deportista de alto rendimiento requiere para conseguir sus objetivos.</p><p>Pero nunca se rindió.</p><p>Carlos no tomaba, no fumaba, era un hombre emprendedor y siempre fue para quienes lo conocimos de cerca una figura protectora.</p><p>Ver su foto en las páginas principales de la sección deportiva para anunciar la pérdida de este talento nacional me recuerda todas las veces en las que les fallamos a los jóvenes. Cuando en las federaciones, no solo la de voleibol, no hay suficientes recursos para impulsar y premiar el esfuerzo y trabajo de estos atletas. Y nos quedamos lamentando, recordando su sacrificio y recordando todo lo que dio al deporte nacional.</p><p>Su partida me hizo recordar todas las historias que los deportistas federados deben pasar para llegar a un torneo de fogueo, para llegar a un centroamericano, esfuerzos que muchas veces mueren en el anonimato.</p><p>Y me da tristeza, además, que ahora aparezca en los medios de comunicación porque partió joven, de forma inesperada. Le quedamos en deuda para contar todos sus triunfos.</p><p>Sea este un pequeño homenaje para él, para sus esfuerzo, para sus sacrificios, para su entrega como atleta y para todos los que a diario dejan las ropas formales del trabajo y regresan a la cancha, por la pura pasión.</p><p> Detrás de cada atleta hay horas de esfuerzo y de sacrificios desinteresados, que nadie parece reconocer.</p><p>No lo debería decir yo, que ya no compartí sus últimos años de cerca, pero sé que Carlos siempre será admirado por su entrega y sus sacrificios, su amor por lo que hacía a diario, su amor a sus amigos y a su familia.</p><p>Ojalás las federaciones y el gobierno lograran hacer más por estos talentos que tienen que luchar por jugar, cuando el camino debería estar abierto de par en par para ellos.</p><p>Pero pese a todo eso, yo sé que Carlos logró mucho de lo que se propuso, sé que estaba en una etapa feliz de su vida, junto a su familia, su esposa y sus amigos. Sé que es el orgullo de quienes lo apreciamos y sé que se puede ir en paz sabiendo que su vida es un ejemplo a seguir, como la de muchos de nuestros atletas anónimos. Descanse en paz.</p><p>&nbsp;</p>

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