Lo más visto

Más de Opinión

Al entrar en esta última etapa del año hay que apresurar la solución de los problemas porque el siguiente será año preelectoral

Los partidos comienzan a prepararse para la contienda y los márgenes de libertad de movimiento se les van haciendo cada vez más estrechos hasta llegar a la cita en las urnas.
Enlace copiado
Enlace copiado
Concluido el período vacacional agostino se abre el último tercio del año, a muy poco tiempo para que se llegue a la mitad del período presidencial actual el 1 de diciembre y para que pasemos a 2017, que será año preelectoral con grandes expectativas abiertas. El hecho de que los dos partidos principales estén prácticamente equiparados en lo tocante al apoyo ciudadano en las urnas, como se ha reiterado en las diversas elecciones recientes, hace que cada evento electoral ponga a dichas fuerzas en ascuas respecto de los márgenes respectivos en cada prueba que mide el voto popular; y eso se agudiza por el hecho de que la ciudadanía tiene cada vez más insatisfacciones acumuladas de resultas de la compleja y apremiante problemática que se mantiene sin resolver.

La primera mitad de la gestión presidencial en funciones ha estado marcada por el creciente apremio de empezar a darles respuestas convenientes y consistentes a los diversos problemas que se hacen sentir en la cotidianidad nacional y por la falta de tales respuestas en la amplitud y en la proporción que se requieren para que empiecen a verse luces confiables al final del túnel. Y uno de los puntos más críticos y polémicos ha sido y sigue siendo el del financiamiento público, que se halla atrapado en una serie de distorsiones y de vicios que en tanto más se reiteran más complican la situación en general.

Aunque en los más de dos años transcurridos desde que tomó posesión el actual Gobierno ha habido varios intentos de configurar mecanismos que pudieran llevar a entendimientos multisectoriales, lo cierto es que la problemática básica continúa sin recibir el tratamiento intensivo y decisivo que las circunstancias demandan. Esto ha generado más desconfianza y también más desaliento en el ambiente, ya de por sí sobrecargado de ansiedades y de frustraciones. El tiempo apremia, y la ciudadanía ya no aguanta más las situaciones que tiene que afrontar a diario. Esto crea una presión acumulativa de alto riesgo tanto para la estabilidad del sistema como para la sanidad del proceso que rige al sistema.

Ahora estamos ya a sólo unos pocos meses para entrar en zona preelectoral, lo que siempre hace más difícil el manejo político de la problemática en juego. Los partidos comienzan a prepararse para la contienda y los márgenes de libertad de movimiento se les van haciendo cada vez más estrechos hasta llegar a la cita en las urnas. El escaso tiempo que queda para entrar en calor electoral tendría que ser aprovechado al máximo, y si eso se lograra de seguro el electorado premiaría los esfuerzos de quienes lo hicieran posible. Aquí no se trata de victorias o de derrotas, sino de inteligencias puestas en acción y de voluntades dispuestas a lograr objetivos nacionales. Al menos debería intentarse en serio, lo cual para los partidos, tan necesitados de energía fresca, sería realmente renovador.

Los salvadoreños, en todas las expresiones del término, nos encontramos ante el imperativo de hacernos partícipes reales de nuestra propia dinámica evolutiva. Ya no dejemos que la vida nacional circule a nuestro alrededor como si no nos perteneciera. Y hay que tener en cuenta que el reloj camina con aceleración creciente.

Tags:

  • voto popular
  • democracia
  • financiamiento
  • sectores
  • elecciones
  • gobierno

Lee también

Comentarios