Al menos ya tenemos el carro...

La Ley de Partidos Políticos ha estado en discusión de los diputados por más de una década y media. Repetidamente han aparecido créditos internacionales para financiar estudios, análisis y viajes para ir a comparar la legislación de otros países.
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Las iniciativas han sido múltiples. Los impulsos y apoyos, variados. Lo que ha faltado es voluntad política.

Y digo que ha faltado porque lo que aprobaron esta semana es una ley a medias. Está bien que ahora digan que la ley da un marco para homologar la organización de los partidos políticos. Está bien que se hayan prohibido las donaciones anónimas.

Pero todavía hace falta más, como aumentar los mecanismos de participación ciudadana en el interior de los partidos políticos. Los partidos deben democratizarse para poder defender la democracia. Deben tener formación política, de acuerdo con su ideología, para poder elevar el debate.

Y todavía se dejan abiertas muchas posibilidades para que dineros opacos lleguen a la política, en tanto que grandes capitales, empresas de economía mixta y otros pueden donar sin límite, lo que crea compromisos entre los políticos y sus financistas.

Hay otro tema discutible. Se prohíbe que los candidatos reciban recursos directamente. Que sean los partidos los que reciban todos los fondos. Eso puede servir para que no haya grandes desigualdades dentro de los partidos (candidatos ricos y candidatos pobres, no en función de sus argumentaciones, sino de sus fondos), pero, al mismo tiempo, deja a todos los candidatos bajo el control de la dirigencia. Durante la campaña electoral pasada de diputados oíamos quejas de los grandes partidos de que algunos candidatos hacían campañas demasiado personalistas, ya que contaban con más recursos, lo que los hacía destacar, en detrimento de sus correligionarios con menos fondos.

Pero si un candidato destina más esfuerzos, ¿no es lógico que tenga mejores resultados? ¿Qué ganamos con que todos los candidatos se acomoden al mismo parámetro, que no busquen destacar, que sean conformistas? Me dirán que con eso gana la disciplina partidaria y evitan que capitales mal habidos financien campañas.

Pero eso se hubiera podido evitar si cada candidato estuviera obligado a mostrar quiénes son sus patrocinadores y cuánto le dieron. Así sabríamos quién tiene interés en cuál diputado en particular. Y así sabríamos por qué opina de determinada manera en determinados temas.

Pero no es lo único. El ente que fiscalizará a los partidos políticos será el Tribunal Supremo Electoral, el cual está formado por los mismos partidos políticos, con cuadros que deben obediencia a sus cúpulas. Queda pendiente la separación de funciones en el TSE, para poder garantizar que el cumplimiento de la ley esté por encima de la disciplina partidaria.

Sin embargo, los políticos –en general y sin distinción de bandera– coinciden en que estamos ante un avance. Que antes no teníamos ley y que ahora tenemos un cuerpo legal sujeto a perfeccionamientos futuros.

Es cierto, ahora ya tenemos el vehículo. Tiene una excelente pintura y algunos detalles de lujo, como el equipo de sonido. Y además se inspira en modelos de gama alta. Pero le falta una llanta. ¿Y de qué sirve un carro con solo tres llantas? Bueno, nos puede servir para acomodarnos en sus asientos y escuchar música. Pero no nos servirá para avanzar.

Los ciudadanos, de acuerdo con las encuestas, no confían en los políticos. Tienen una mala fama muy grande. Así que deben trabajar en mejorar su imagen, no con campañas publicitarias, sino con transparencia. Y para eso se necesita una ley de partidos completa.

Tags:

  • TSE
  • Ley de Partidos
  • financistas

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