Al oído de los honestos

Este domingo recién pasado, en la iglesia, mientras me encontraba sumido en medio de discurrimientos, preguntándome si valía la pena seguir hablando en un país acostumbrado a denigrar a quienes elevan la voz en contra de los abusos del gobierno y con una oposición que algunas veces da la impresión de tener tanto miedo de regresar al Poder, que pareciera hacer exactamente todo lo contrario a lo debido para conseguirlo; mientras me encontraba abstraído en esos pensamientos, empezó uno de los monitores a recitar una lectura de Jeremías que respondió mis dudas; permítanme compartirla en parte:
Enlace copiado
Al oído de los honestos

Al oído de los honestos

Enlace copiado
“Me sedujiste, Señor; y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste... Desde que empecé a hablar, he tenido que anunciar a gritos, violencia y destrucción... (Y por ello) me he convertido en objeto de oprobio y de burla,... pero había en mí, como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba en contenerlo y no podía...” (Jr 20, 7-9).

Al final concluí que nuestro deber es seguir hablando y que debemos hacerlo porque callarnos sería ser cómplices de quienes buscan sus propios intereses por sobre los de la Patria y que les importa muy poco el bien común, si eso compromete su propia ganancia.

Hoy no le hablo a la gente de izquierda o de la derecha; hoy tampoco lo hago a los liberales o a los conservadores; hoy quiero dividir el espectro de la población entre corruptos y gente honesta; y es a estos últimos que les escribo: ¡a los honestos! a quienes no deben perder la esperanza; a quienes deben seguir elevando su voz para devolver la confianza a este bendito Pueblo que es nuestra Tierra. Tierra que ningún interés oscuro podrá destruir y que no dejaremos sola jamás; a pesar de los deshonestos, de los obscenos y de cuanta persona que movida por mezquinos intereses pretenda silenciar al verdadero Pueblo, que al final somos todos los que soñamos con un país próspero y pujante; sin la violencia ciudadana ni la inseguridad jurídica y personal que hoy nos devoran. Pero para rescatarla, para hacer surgir nuevamente la pujanza en la Nación, es necesario el trabajo y el ordenamiento de las acciones. Es momento de empezar a consolidar gestiones dirigidas para combatir esa lacra que es la impunidad y que se vuelve el caldo en el que se crían sus perversas hijas: la corrupción y la indiferencia. Llegó el tiempo de marchar juntos y de impedir que consoliden su proyecto aquellos que esperan encontrar ganancias en el descalabro social en el que nos adentramos; pero debemos hacerlo con orden, reconociendo y defendiendo las instituciones (no a los funcionarios) para mantener el equilibrio de Poderes y evitar que cualquier grupúsculo mafioso pretenda secuestrar la libertad.

En la próxima semana, como es costumbre cada 15 días, el “Movimiento Ciudadano Libertad” desarrollará en un prestigioso hotel capitalino en la colonia Escalón un conversatorio entre el público asistente y tres distinguidos compatriotas, generadores de opinión y conocedores de la realidad salvadoreña, sobre la impunidad y la corrupción; para encontrar juntos, propuestas de solución, pero manteniendo el interés ciudadano para continuar siendo vigilantes de que las leyes se cumplan y que persista el Estado de Derecho.

En la publicación anterior, escribía que los tiranos y sus esbirros le temen a la voz del pueblo; y hoy lo reitero. Si queremos terminar con las lacras sociales que nos destruyen como país, es necesario salir de nuestra propia comodidad y hablar a todos los políticos y a quienes pretenden convertirse en funcionarios, para que recuerden que su misión es la de servidores públicos; es decir, quienes sirven al Pueblo y que es el Pueblo el Soberano. Nadie puede cambiar las reglas por conveniencias propias; ni las de los Partidos, ni mucho menos las de la Nación. No deben cambiarlas, digo, ni nosotros podemos permitirlo.
 

Lee también

Comentarios

Newsletter